[FLAGELO]

Medicamentos falsos y falta de competencia

Según cifras del Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, hasta un 40% de los medicamentos que se utilizan en partes de Argentina, México y Colombia son falsos.

BUENOS AIRES. –El reciente descubrimiento de medicamentos falsos en la mutual sindical La Bancaria desvela una cantidad de problemas que van desde la protección de las marcas hasta el financiamiento político. Pero, paradójicamente, no faltan controles y no es una solución imponer aún más.

La investigación judicial está dando a luz toda una trama de empresarios pirata asociados con sindicalistas para venderles medicamentos falsos que éstos asignaban a sus afiliados, de funcionarios que deberían controlar las obras sociales y de aportes a la campaña de la actual presidenta. En el medio, por supuesto, estaba en juego la vida de los pacientes.

No faltará quien afirme que esto es el resultado de dejar la salud en manos de quienes se mueven por fin de lucro, y llamarán al Estado para establecer más controles y regulaciones. Sin embargo, es precisamente el contubernio entre amigos del poder, sindicalistas monopolistas y reguladores lo que expresa el estado de corrupción existente.

Esto es muy diferente de la producción competitiva de medicamentos en el mercado verdadero, donde los consumidores eligen, los laboratorios se preocupan por proteger sus marcas y mantener la calidad de sus medicamentos (es decir, su reputación) y las clínicas compiten entre sí mostrando quién trata mejor a los pacientes.

Los medicamentos falsos son un gran problema en América Latina donde, según cifras del Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, hasta un 40% de los medicamentos que se usan en partes de Argentina, México y Colombia son falsos.

Y no es solamente un problema argentino o latinoamericano. En Rusia, el ex candidato presidencial Vladimir Bryntsalov y su hermana fueron condenados por producir medicamentos falsos en forma masiva. Aunque los medicamentos falsos pueden causar la muerte, solo recibió una multa de mil 500 dólares.

En Orissa, India, las autoridades enviaron inspectores para combatir el delito, que se encontraba hasta en los hospitales. Lo que informan no es muy diferente de lo ocurrido en La Bancaria: “En la mayoría de los casos, la circulación de drogas espurias se lleva a cabo con el conocimiento y connivencia de funcionarios de la agencia de control e inspectores que trabajan para estos comerciantes inescrupulosos”.

En primer lugar, debemos reconocer que los medicamentos falsos proliferan donde las instituciones administrativas y jurídicas son débiles y el Gobierno interviene mucho en los mercados a través de elevados impuestos, controles de precios e innumerables regulaciones. Las fuentes principales de medicamentos falsos son China e India, donde los gobiernos han, supuestamente, tomado fuertes medidas para combatirlas, incluyendo la pena de muerte para quienes las comercialicen. Sin embargo, predominan por doquier.

Los países que tienen bajos niveles de medicamentos falsos y altos estándares de calidad son aquellos donde se protegen las marcas y donde las víctimas pueden reclamar compensaciones en la justicia civil tanto como condenas en la penal.

Esto no es lo que tenemos en Argentina ni en muchos países vecinos. Un informe del International Intellectual Property Institute (IIPI) sostiene que las acciones civiles aquí para proteger las marcas son “muy lentas para ser efectivas” y que incluso cuando se establecen pagos por daños “no compensan los daños sufridos por el titular de los derechos intelectuales”. Aún peor, “los daños que sufren los consumidores con estas violaciones no son reparables y reclamables”.

Lamentablemente, acelerar los procesos legales y reducir o eliminar la corrupción son procesos lentos, pero se puede hacer algo más a corto plazo. Los impuestos y tarifas que aumentan los precios de medicamentos originales crean oportunidades para los medicamentos falsos. La Argentina impone ahora tarifas de casi 10% a la importación de productos farmacéuticos: esto debería eliminarse en forma inmediata.

Por último, el reciente escándalo argentino es otra muestra de los perniciosos efectos de los aportes compulsivos y los pacientes atrapados por la falta de competencia: es un llamado a liberarlos de las mafias y de las burocracias, las que solamente prosperan y existen con clientes cautivos.


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