Mientras un sector del empresariado privado en Venezuela ve un sombrío panorama para sus negocios, por las crecientes medidas regulatorias del Gobierno, otro ve en ellas un mayor beneficio para su futuro a pesar de la recesión económica.
La disparidad en el punto de vista refleja en parte la alta polarización política en torno al presidente Hugo Chávez, un militar retirado que busca convertir al productor de petróleo desde un país “capitalista” a un país “socialista”.
Durante su década en el poder, el gobernante ha nacionalizado decenas de empresas, que van desde multimillonarios proyectos petroleros hasta torrefactoras de café, argumentando que el Estado debe manejar los recursos estratégicos para garantizar su desarrollo soberano.
Algunas de las más importantes estatizaciones, que sacaron del juego a grandes empresas foráneas, junto a más controles de precios y de cambios, han contribuido a crear un clima de inestabilidad jurídica que ha reducido la inversión extranjera.
“La causa fundamental de la crisis que tiene el sector manufacturero son los continuos ataques que no cesan y el cerco completo que tiene la industria por las diferentes medidas gubernamentales”, dijo Carlos Larrazábal, presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, Conindustria.
La economía venezolana se contrajo un 4.5% en el tercer trimestre de 2009, su segundo período consecutivo en terreno negativo, con lo que entró técnicamente en recesión.
La actividad manufacturera se contrajo un 9.2% y la del comercio un 11.5%. Pero pese al panorama adverso, Chávez insiste en que Venezuela será una “potencia” dentro de unos años, cuando logre diversificar su dependiente economía petrolera, una promesa electoral que no ha logrado cumplir.
A pesar de que el crudo es el mayor generador de divisas del país, el sector petrolero representa un 11.5% del producto interno bruto (PIB), inferior a la contribución de la actividad manufacturera, del 15.4%, al tiempo que el comercio pesa un 10.2%. A la inseguridad jurídica que esgrimen empresarios y analistas se ha sumado la creciente inseguridad personal -que según sondeos es la principal preocupación de la población-, en medio de un aumento de la violencia y de los secuestros. No obstante, otro grupo de empresarios ve una oportunidad en las políticas gubernamentales y defiende la tesis de Chávez, de que el Estado debe controlar los sectores estratégicos.