Hay películas que valen por lo que denuncian y por las ideas que ponen sobre el tapete. Hay cintas que resaltan por su contenido más que por su forma desigual.
Así es Burwa dii ebo (El viento y el agua), que se estrena ahora en las salas de la ciudad capital, tras pasar por numerosos festivales de cine desde 2008.
Tiene sus puntos débiles, para qué negarlo. Pierde un poco el ritmo al final del segundo acto, algunos de sus personajes caen en el estereotipo más lineal, cabría replantear su duración de hora y 40 minutos porque es un tanto excesiva, su guión es algo predecible y cae en ciertos lugares comunes.
Pero más allá de eso, nos da lecciones evidentes sobre el poco respeto que le tenemos a las tradiciones nuestras y el desprecio que tenemos por la naturaleza.
En ese sentido, sí funciona como documento cinematográfico, porque nos dice que hay situaciones que deben mejorar en Panamá y que no les prestamos la atención debida, salvo cuando sea demasiado tarde.
Burwa dii ebo debe importarnos porque habla de un país que está perdiendo el rumbo en nombre del progreso sin freno, de istmeños que solo piensan en el hoy y dejan atrás el porvenir.
Es la historia de dos miembros de la comunidad kuna. Uno vive en las islas y es libre sin saberlo del todo, y el otro es una chica que reside en la ciudad capital y es esclava, sin darse cuenta, de las apariencias y el consumismo.
Ambos se conocen en esta selva de cemento y cada uno por su lado descubre que la ética y el respeto incomoda a ciertos inversionistas y que debemos tratar de salvar nuestra tierra antes de que la perdamos.
Estos dos chicos son testigos de cómo hay personas en Panamá que tienen dinero para invertir sin importarles si eso pisotea la dignidad de la gente, si trastoca la identidad de un pueblo que requiere estar mejor organizado para enfrentar a los que abusan de él.
Aunque el final de este largometraje sea idílico y medio complaciente en términos románticos, por lo menos es un voto de esperanza en cuanto a que el futuro está en manos de los jóvenes, que son ellos los que pueden girar este barco en zozobra, que es el país, hacia un puerto de justicia e igualdad, siempre y cuando no se dejen engañar por la indiferencia.

