El frenético ritmo de las sociedades y economías modernas comienza a arrojar serias dudas acerca de la viabilidad a corto y medio plazo de las formas de negocio tradicionales en un mundo que padece una saturación medioambiental sin precedentes.
Ante este escenario, y con el objetivo de plantear una visión alternativa de las posibilidades que brinda un desarrollo sostenible frente a la actual inercia, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por sus siglas en inglés) junto con 29 multinacionales ha desarrollado la propuesta para un mundo sostenible “Visión 2050: una nueva agenda para los negocios”, que fue presentada ayer en el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino en Madrid.
El estudio vaticina un crecimiento demográfico mundial de un 30% hasta el año 2050, de los actuales 6 mil 900 millones de personas hasta los 9 mil millones. Además, prevé que la concentración de población en las grandes áreas urbanas se multiplique por dos. Un incremento de la población tan elevado implicaría un agotamiento acelerado de los recursos, que ya escasean, y un lastre inasumible para los ecosistemas si persiste la tendencia de consumo desmesurado en los mercados desarrollados. A ello se suman respuestas ineficientes en la gestión del crecimiento demográfico y económico de los países, en especial los emergentes, limitadas por las presiones políticas que acarrea el corto plazo en que se mueven los gobiernos.
WBCSD y las 29 empresas que participaron en la iniciativa consideran, sin embargo, que es posible moldear un mundo mejor a base de sostenibilidad, de profundas reformas sociales a través de la educación, “de la realidad del planeta y de todos los que viven en él”. La Visión 2050 contempla que los futuros 9 mil millones de habitantes tendrían “lo necesario para vivir bien dentro de los límites del planeta, los conocimientos científicos, las tecnologías probadas y emergentes, los activos financieros y las comunicaciones instantáneas”. Acompañan su idea de una “hoja de ruta” en la que demandan para su consecución la introducción de “cambios fundamentales en las estructuras de gobierno, las reglas económicas, y en el comportamiento de las empresas y los ciudadanos”.
A simple vista, toda la propuesta del WBCSD parece estar envuelta de un velo de irrealismo y utopía, especialmente después de que la Cumbre de Copenhague pusiera de manifiesto la falta de compromiso de muchos países y de grandes potencias como EU o China para la reducción de la emisión de gases.
El responsable del proyecto del WBCSD, Per Sandberg, admitió que era “una visión optimista del futuro”. Sin embargo, en vista de que la sostenibilidad y los esfuerzos dirigidos a una mayor eficiencia energética y a causar el mínimo impacto en el medioambiente, en definitiva los mercados verdes, representan una de las más atractivas oportunidades empresariales, esa proyección quizás no sea tan descabellada.
La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, apuntó que resulta alentador que el debate sobre la sostenibilidad lo plantee el sector empresarial. En este sentido, Sandberg subrayó que este ámbito ofrece “enormes oportunidades para las compañías” en áreas como la construcción, la mejora de la “biocapacidad” y la gestión de ecosistemas, la gestión de la energía, los sistemas financieros, el transporte o la industria alimentaria, por lo que el punto de partida de la iniciativa de su estudio radica en la actividad empresarial, sector que sin embargo no podría impulsar por solo una revolución de tales dimensiones.