En el país dominicano es usual justificar una conducta o acción que no se corresponden a las normas y reglas establecidas con la expresión de que “no somos suizos”. Una referencia a la diferencia ordenada y disciplinada de la sociedad suiza.
Además de sus particularidades bancarias y de su chocolate, que la distinguen, con la firma de 100 mil ciudadanos sus normas constitucionales permiten presentar una iniciativa popular para convocar un referéndum. Con más de las 100 mil firmas, el pasado 29 de noviembre el referéndum para prohibir en la Constitución que se edifiquen minaretes en las mezquitas obtuvo el 57.5 % de aprobación.
Minaretes, que no mezquitas.
Parecería que los suizos no quieren escuchar el llamado a la oración cinco veces al día. El partido de los Verdes intenta recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo para que invalide el resultado. La polémica está servida y los suizos han sido acusados de islamofobia, xenofobia, racismo y, por supuesto, de ultraderechismo.
¿Han protegido los suizos los valores que se suponen son universales (eso dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos) frente a la práctica del Islam que los vulneran a nombre de su cultura y su religión?
Recientemente el gobierno francés prohibió el uso del burka en Francia. Previamente había prohibido el uso del velo islámico en las escuelas y lugares públicos. Para el presidente francés, el burka no es un signo religioso, sino un problema de libertad y dignidad de las mujeres, no es un signo religioso sino de servidumbre. El burka, en palabras de Nicolás Sarkozy, no es bienvenido en Francia.
El propiciador de la iniciativa, Andre Gerin, diputado comunista, entiende que esa forma de vestir “encierra literalmente el cuerpo y la cabeza de la mujer que lo lleva, convirtiéndose en un verdadero calabozo ambulante”.
Por supuesto, la respuesta de Al Qaeda ha sido la de vengarse de Francia por la prohibición.
Estas medidas de prohibición se etiquetan dentro del campo de las políticas de derecha y de izquierda. En referencia a la prohibición en Suiza, el editorialista del New York Times califica como una vergüenza el éxito de la derecha de prohibir la construcción de minaretes, aspira a que las cortes suizas encuentren una vía para revertirla y considera que la peor respuesta al extremismo y a la intolerancia es el extremismo y la intolerancia.
Habría que preguntarle al editorialista del New York Times si es de izquierda o de derecha que las mujeres infieles que visitan las tierras de Alá sean obligadas a usar el velo, si es de izquierda o de derecha que no se permitan otras iglesias y religiones en el mundo del Islam. Además, habría que preguntarle al editorialista cómo pretende que el sistema legal invalide la voluntad libre de los ciudadanos. ¿Acaso no es la Constitución la que ordena, organiza, norma, regula a un estado-nación? Los suizos han ejercido libremente su voluntad. Se supone que de eso se trata la democracia.
No es asunto de derecha ni de izquierda, es el dilema de los sistemas democráticos que en su esencia establece los derechos del ciudadano y que a veces no tiene los mecanismos para enfrentar la intolerancia con los procedimientos del sistema.
Alguien dijo una vez, “tengo el derecho de ser intolerante frente a la intolerancia”.