Después de que el presidente Barack Obama pusiera en el mapa a Moneygall tras beberse una cerveza Guinness en la localidad irlandesa donde vivieron sus ancestros, los residentes del lugar recibieron buses llenos de turistas por semanas.
“Aún estamos emocionados”, dijo Marian Healy, cuyo hijo Henry dio la bienvenida en el pueblo a su primo lejano Barack durante el viaje que el mandatario hizo a Irlanda en mayo.
“Hubo un autobús lleno de turistas japoneses esta mañana y también hubo uno de estadounidenses más temprano, buscando a Henry para tomarse una fotografía con ellos”, afirmó Healy.
Ahora, dueños de restaurantes, agentes hoteleros y operadores turísticos del país desean contar con un “efecto Moneygall” propio.

