El presidente boliviano, Evo Morales, con su contundente reelección y el respaldo parlamentario que habría ganado el domingo, tiene el poder necesario para acelerar la estatización de la economía, pero deberá abrirse a resistidos capitales extranjeros para cumplir sus promesas. El líder indígena se propone poner en marcha una acelerada industrialización y megaproyectos energéticos, mineros y camineros.
El proceso de “revolución” indigenista y socialista que inició con su asunción a inicios de 2006 recibió el apoyo masivo, especialmente, de la mayoría campesina pobre que se ha visto beneficiada con subsidios que han llegado a un cuarto de los 10 millones de habitantes y que Morales ofreció mantener.
“Hacia adelante el desafío es apurar la construcción del nuevo Estado con una perspectiva de inclusión de todos los sectores, pero sin que el Gobierno deje de representar primero a las grandes mayorías recién llegadas al poder”, dijo el director de la Fundación Boliviana para la Democracia Mutipartidaria, Guido Riveros.
Analistas alaban los bonos para estudiantes, ancianos y madres como subsidios efectivos y que, conjuntamente con una mayor recaudación, han motorizado la demanda interna, pero dicen que para mantenerlos deberá asegurar ingresos fiscales que son vulnerables a mercados externos.
No se espera que persistan en los próximos años las ahora condiciones favorables de altos precios del petróleo y de materias primas mineras, cuyas ventas al exterior, especialmente a los vecinos Argentina y Brasil, generan los principales ingresos para el Gobierno.
Dejar de cumplir con los bonos a la población puede ser peligroso y el Gobierno debe lograr un equilibrio entre los subsidios sociales y el gasto público en otras áreas para evitar que el país vuelva a la inestabilidad que Morales logró controlar desde que asumió por primera vez a inicios de 2006.
Morales seguirá alineado a la izquierda y profundizando alianzas con líderes afines como el presidente venezolano, Hugo Chávez, o más recientemente con el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, pero de aquí a que se concrete un apoyo económico de esos Gobiernos aún está por verse, pese a los pactos firmados.
Y Estados Unidos, con el que Morales está peleado, no parece ser un norte para recuperar las preferencias comerciales que beneficiaban a la economía boliviana. Por lo tanto, los analistas creen que no se pueden postergar más las inversiones en el campo energético, tampoco las dirigidas a incentivar la microempresa, lo que se logra con la industrialización soñada por el gobierno de Morales.
El ministro de Finanzas, Luis Arce, reconoció en una entrevista reciente que necesitan de la inversión extranjera para desarrollar los megaproyectos de mineral de hierro del Mutún, de la industria extractiva de litio en el Salar de Uyuni y plantas hidroeléctricas, anunciados con bombos y platillos por Morales durante varios mítines de campaña.
El primer presidente indígena en la historia boliviana ya no tiene mucho espacio para nacionalizar, como lo hizo en el año 2006 con los enormes yacimientos de gas natural en manos hasta entonces de petroleras extranjeras, medida sin la cual Morales dice que no hubiese podido pagar los bonos. Así que si no baja la cabeza, cambiará el escenario en Bolivia, que ha disfrutado en los últimos cuatro años de una situación excepcional en el campo económico, que le ha dado una holgura fiscal gracias a los ingresos por exportaciones de productos básicos.
“Lo que la gente está esperando son cambios revolucionarios a nivel productivo (...) el 60% de la población todavía vive en pobreza. El programa del Gobierno está enfocado en estos megaproyectos, pero no se ven proyectos en el tejido productivo comercial de Bolivia”, observó el analista económico Gonzalo Chávez.
La economía boliviana, con un crecimiento proyectado de al menos 3% este año –desde más de 6% en 2008–, será la de mejor desempeño en Sudamérica, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), que elogió la política macroeconómica como ejemplo de prudencia y equilibrio.
Analistas dicen que, a la par del crecimiento de la empresa pública, se ha encogido la participación de la empresa privada boliviana, la formal, para dar cabida a una informalidad, situación que debe ser revertida si Morales quiere realmente sacar a Bolivia de abajo. “La calidad del empleo se ha deteriorado”, destacó Grebe.
Entre los sectores que analistas apuntan como atractivos para explotar están el turístico, el agropecuario, el agrícola, el forestal, en los cuales dijeron aún no hay políticas