Rusia no confía tan fácilmente en la paz, ni siquiera tras la renuncia de Estados Unidos a construir su escudo antimisiles en Europa central. Junto al sentimiento triunfal por el que considera el mayor éxito de la política exterior de Moscú desde el final de la Guerra Fría, entre muchos rusos se ha extendido también la desconfianza.
“No puedo compartir el entusiasmo de muchos expertos rusos respecto al anuncio de Obama”, dijo en una entrevista televisiva el embajador ruso ante la OTAN, Dimitri Rogosin.
Algunos consideran que los nuevos planes estadounidenses pueden suponer incluso una amenaza mayor.
Bien es verdad que todos, desde el presidente del Kremlin, Dimitri Medvédev, hasta el primer ministro Vladimir Putin, pasando por los militares, saludaron que Barack Obama cediera en una disputa que había lastrado como ninguna otra las relaciones entre Moscú y Washington. Pero a la alegría de que el sucesor de George W. Bush mantenga su palabra y busque un acercamiento, ha seguido el escepticismo.
Según el diario ruso Kommersant, ahora Washington espera que Moscú no abastezca a Irán con misiles de defensa antiaérea del tipo S-300 y que apoye las sanciones contra Teherán en el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero tanto Rogosin, como el ministro de Exteriores Serguei Lavrov, insistieron en que Moscú no le debe nada a Washington. Ambos diplomáticos rechazaron un “tejemaneje”. Y también el presidente Medvédev dejó claro que Rusia espera poder trabajar al mismo nivel con Estados Unidos y Europa en una arquitectura de seguridad euroatlántica. Él mismo discutirá este tema con Obama la próxima semana en Nueva York.
Nadie en Moscú espera que Rusia abandone su cooperación militar con Cuba o Venezuela. El Kremlin tampoco dejará de mostrarse contrario a una ampliación de la OTAN a Georgia y Ucrania. Las reacciones alabandono de Estados Unidos de su escudo antimisiles en Europa central han sido dispares.
Muchos han alabado la declaración de Obama como “un primer paso real para un nuevo comienzo en las relaciones”. Sin embargo, Rogosin no ha sido el único que ha advertido del nuevo peligro que puede suponer para la seguridad rusa que Washington instale un sistema antimisiles aún más efectivo en barcos de guerra.
Para el embajador ruso en la OTAN, la renuncia al radar en República Checa y a los misiles en Polonia obedece más bien a un deseo de ahorrar. En su opinión, el deseo de supremacía militar de EU no ha desaparecido. Puede que ahora Rusia confíe más en en Obama, pero sigue dudando de la firmeza del presidente ante el lobby armamentístico estadounidense. “Antes o después el plan de instalar misiles defensivos en barcos tendrá una influencia desestabilizadora en la seguridad estratégica”, advirtió Mijail Baravanov, redactor jefe de la revista militar Moscow Defense Brief. En su opinión se trata más bien de “un recrudecimiento” que del fin de la amenaza estadounidense.