Aparte de litigios peliagudos, el ministro mandamás enfrenta otro contra el verbo ‘haber’.
Como Pedro por su casa, activa “han habido” para aquello que se le ocurra, si bien, en todas las hipótesis, esa expresión solo se conjuga en singular (“ha habido”).
Estoy tan curado de espantos que ni siquiera descarto que en cualquier momento se le ocurra proponer una reforma gramatical que otorgue a los ministros ciertas ventajas al momento de hablar y que cualquier desliz no sea considerada una incorrección.
Como el privilegio del que gozan los agentes policiales, quienes pueden hacer aquello que les dé la gana sin que nadie los importune. Hasta pueden tirar bala pareja no importa si el blanco es un maleante o un honorable –no dije diputado-.
Sería una especie de Ley 30 Chorizo para que las altas autoridades integradas de todos los órganos del Estado, como uno solo, hablen como se les antoje.
Me aseguró uno de mis corresponsales que el ministro mero mero repitió, en una entrevista en TVN, su inflexión favorita, “haiga”.
Que le aproveche. Como debe verificarse esta información, he comisionado a unos sapos de mi Consejo de Seguridad Gramatical para que pinchen (sin comillas, que no es verbo raro) esa conversación televisiva.
Con ese pinchazo, cual procurador que se precie, pretendo que sean indagados los periodistas que escucharon la susodicha palabreja.
Si el fiscal puede auxiliarse con las declaraciones de periodistas, bien puede levantarse la reserva de la fuente del “haiga”.
Incluso me aseguran mis petejoteros que, si bien la palabra “haiga”, como inflexión verbal, se encuentra proscrita, se enseñorea en el ámbito nacional el vocablo “haigoso”, legítimo apelativo para nombrar a los funcionarios encariñados con el caramelo “haiga”. Ñamería de país.
Uno de mis testigos gramaticales protegidos, de nombre Gabriel (no es el del magistrado), me sapeó que en una reunión de autoridades fue debatida la posición de esta columna sobre la situación de la lengua española en estos lares.
No es mala idea expresarse bien y evitar estar soltando batracios en los medios electrónicos de comunicación masiva, se ponderó.
Llegó entonces el pero: priorizar esa materia sin aparente valor contante y sonante frenará millonarias obras oficiales, encartonará las inversiones extranjeras, retrasará el Metro Bus y postergará para la próxima administración presidencial el corte de la cinta inaugural de la primera línea del cuasi tren subterráneo.
Perjudicaría, además, el intercambio agropecuario con Australia, Vietnam, Nueva Zelanda, Palau, Nueva Guinea y Palau (algunos de estos países fueron visitados por una delegación ministerial y los resultados deben llegar algún día).
Anegar. El agua está presente en su origen. Verbo latino. En sus inicios, significó ‘matar’. Es una redundancia absurda indicar que una zona resultó anegada de agua, como es frente. Afirmar que resultó “anegada” es suficiente.
En sentido figurado, se expresa que alguien estuvo anegado en llanto. Puede ser naufragar, abrumar, agobiar. Si la “inundación” no es de agua, entonces sí es pertinente agregar el complemento (Anegaron de absurdos la conversación).
