REFLEXIÓN

Una Navidad auténtica: Rubén Darío Córdoba Barría

Cuando faltan tan solo unos días para la celebración de la Navidad y en medio de los cotidianos sobresaltos políticos que, invariablemente, se han venido sucediendo en el país, ciertamente vale la pena recordar el auténtico significado de esta tan celebrada fiesta.

Contrario a la excesiva superficialidad con que acostumbramos conmemorar este evento, y más allá de su exactitud en el calendario, es menester apuntar que se trata del recordatorio de uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia de la humanidad: el nacimiento de nuestro Salvador, Jesús, cuyo advenimiento, sencillamente, transformó el destino del hombre para siempre.

En efecto, el niño judío nacido en Belén y en quien “[...] habita corporalmente toda la plenitud de la deidad” (Colosenses 2,9) vendría a consumar el plan de salvación diseñado por Dios para el hombre con motivo de su amor por nosotros.

En este sentido, debe quedar claro que desde la caída de Adán, al comer del fruto prohibido, hubo una ruptura en la relación entre Dios y los hombres a causa del pecado, pero aun en medio de nuestra transgresión “[...] de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Evangelio según San Juan 3,16).

El nacimiento del Mesías, Jesús, pregona a viva voz para los cristianos el rescate divino del hombre y nuestra reconciliación con Dios, por medio de la posterior muerte y resurrección de Cristo (Ver Romanos 5, 8-11), quien venció de esta forma el pecado y la muerte, derrotando también a Satanás, enemigo de nuestra alma.

Si bien habrá siempre quienes consideren la historia de Jesús como una “fábula”, estemos claros en que se trata de una cuestión de fe, por ello, a los cristianos nos queda entonces creer confiadamente en el señor Jesús, aceptando a manos abiertas el regalo que nos hizo de la salvación, la vida eterna junto a él después de la muerte.

En este sentido, dijo Jesucristo: “[...] Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Evangelio según San Juan 11, 25-26).

¡Feliz Navidad y que viva Jesús!

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