“¡Somos de primera clase, somos como los demás!”, casi gritó Luiz Inacio Lula da Silva en la histórica noche del viernes en que Río de Janeiro capturó la sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Una explosión de alegría mezclada con rabia, un puño cerrado que golpeaba en el aire para convencerse de que sí, de que había comenzado definitivamente la era de los postergados.
El presidente brasileño sabe bien de qué se trata: obrero de humilde origen, llegó a la cima en su país y es hoy uno de los jefes de Estado más populares de su historia. Pero no sólo eso: también contribuyó a que el G–8 cayera en el olvido para ser reemplazado por el mucho más variopinto G–20, y con una política exterior sin complejos, es uno de los líderes del sur que le está dando otra cara a la geopolítica planetaria.
Y ahora que Río ya es olímpica muchos otros postergados en el mundo se preguntan: ¿Y por qué nosotros no? ¿Por qué no Juegos en África? ¿Por qué no dentro de un par de décadas otra vez en Sudamérica? ¿Por qué el elitista mundo de las grandes citas deportivas no puede ser más amplio y democrático? “El próximo paso debe ser que los Juegos vayan a África”, dijo el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que sonrió sin ocultar su satisfacción cuando se le dijo que él le marcó el camino al COI al confiar en Sudáfrica para organizar el Mundial de fútbol de 2010.
“Sudáfrica y Egipto tienen una posibilidad” de organizar los Juegos, añadió el suizo, que le entregó además la sede del Mundial 2014 a Brasil. Y así está cambiando el mundo del deporte: Mundial de fútbol 2010 en Sudáfrica, el de 2014 en Brasil, los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro. Sólo Londres, con sus Juegos de 2012, resiste como representante del “viejo orden”, que ni Chicago, ni Tokio, ni Madrid fueron capaces de defender esta vez. Incluso deportes tan tradicionalistas y fuertemente cerrados como el rugby están cambiando. Los Pumas argentinos estarán con casi total seguridad en el Tres Naciones a partir de 2011. “Es un signo de los nuevos tiempos, el mundo es cada vez más chico, y en el futuro podríamos pensar en un cuatro naciones”, dijo Mike Miller, secretario general del International Rugby Board. “Quizás integrando a Japón, o a una selección de países del Pacífico o, sí, ¿por qué no?, a Uruguay”, añadió Miller.
Pero los tiempos no están cambiando sólo por una súbita sensibilización de los poderosos. Para nada, se trata, en buena parte, de que las empresas, los que controlan el dinero del deporte, y el propio COI saben que ahora el dinero está también, y cada vez más, en los países emergentes.
“Brasil tiene una economía mucho más estable que hace unos años y un liderazgo mucho más fuerte. El presidente del Banco Central brasileño nos dijo que en 2016 serán la quinta economía del mundo. No está mal...”, dijo el canadiense Richard Pound, miembro del COI y ex presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).
Ciudad del Cabo fue tercera y Buenos Aires quinta en la carrera por los Juegos de 2004. El Cairo no llegó a pasar el corte para 2008. Río de Janeiro, el 2 de octubre de 2009, fue la primera en romper la barrera, aunque ésta seguirá siendo infranqueable para la mayoría de los países del mundo. “Vamos a ver cómo funciona el Mundial de Sudáfrica 2010. África tiene países pequeños, sólo puedes pensar en países como Sudáfrica o Egipto, pero no hay más”, analizó Pound. “Necesitas cierto tamaño, nivel de infraestructura. No puedes pensar en Belice o Guatemala para Latinoamérica. Si quieres Juegos en Sudamérica sólo hay dos países: Brasil y Argentina”.