El preso cubano Orlando Zapata Tamayo es el primer opositor en la isla que muere entre rejas durante una huelga de hambre en casi 40 años. Su fallecimiento coincide justo con el segundo aniversario de la elección de Raúl Castro como presidente y es, a juicio de la disidencia, un ejemplo del endurecimiento en la represión y el empeoramiento en la situación de derechos humanos desde su llegada al poder.
Zapata, preso desde la ola de detenciones de marzo de 2003 que finalizó con 75 disidentes en la cárcel, había sido condenado inicialmente a cuatro años de prisión por desacato al entonces jefe de Estado, Fidel Castro, pero su pena fue incrementándose en prisión por varias acciones de protesta. Según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (Ccdhrn), sus condenas sumaban 18 años en total.
Otras fuentes hablan sin embargo de hasta 56 años. El albañil de 42 años y miembro de un pequeño movimiento opositor inició un ayuno de alimentos el 3 de diciembre pasado para protestar contra los malos tratos carcelarios a los que, según organizaciones defensoras de los derechos humanos, había sido sometido.
Diversas fuentes hablan de “múltiples golpes y tortura” que le provocaron “heridas graves”. El portavoz de la Ccdhrn, Elizardo Sánchez, estimó que su muerte era “totalmente evitable por medios médicos”, pero que el Gobierno no hizo nada para evitarla.
En el pasado, Cuba liberó incluso a decenas de opositores por motivos de salud, el último de ellos en octubre pasado, Nelson Aguiar, gracias a la intervención del ministro español de Relaciones Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Sin embargo, Sánchez estimó que con Zapata, “al contrario, más bien exacerbaron, empeoraron sus condiciones de internamiento estando bajo huelga de hambre y esto precipitó su muerte”.
Según Sánchez, Zapata era el único opositor preso en huelga de hambre. “Es algo que no apoyamos mucho, porque este gobierno es muy duro y aquí se ha demostrado. Han dejado morir a este hombre”, añadió. El último opositor en morir entre rejas en Cuba tras una huelga de hambre fue Pedro Luis Boitel en 1972, según la disidencia.
Organizaciones defensoras de los derechos humanos hablan de hasta 200 presos políticos en Cuba. Sin embargo, el Gobierno cubano lo niega, y asegura que todos han sido detenidos y condenados en base a leyes vigentes en la isla. Con frecuencia se refiere a ellos como “mercenarios” al servicio de Estados Unidos.
Cuba culpa ahora también a este último país de la muerte del opositor.
En medio del revuelo internacional causado por la noticia, Raúl Castro estimó que la muerte de Zapata Tamayo es un resultado de la relación con Estados Unidos, país que mantiene desde hace casi medio siglo un embargo económico, financiero y comercial que Cuba considera “genocida”. Castro reiteró además que en Cuba solo existen torturas y ejecuciones en la base naval de Guantánamo, controlada por Estados Unidos. “No existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución”, dijo.
La filóloga Yoani Sánchez, autora del blog crítico Generación Y, aseguró a finales del año pasado haber sido golpeada e introducida por la fuerza en un coche por supuestos agentes secretos cubanos. Además, el 10 de diciembre, coincidiendo con el Día Internacional de los Derechos Humanos, varias marchas organizadas por las “Damas de Blanco” –esposas y madres de opositores presos– fueron disueltas por contramanifestaciones de centenares de partidarios del Gobierno.
Elizardo Sánchez consideró que la muerte de Zapata representa una “política de mano dura y un error de cálculo” al mismo tiempo. “Este gobierno se equivoca mucho y ya por lo pronto están comenzando a pagar un costo político por esto que va a ser alto. Ya hay condenas internacionales y esto va a proseguir”.