[ESFUERZO MULTINACIONAL]

Nuevo estilo de liderazgo

Enfrentado a la compleja situación en Libia, Barack Obama opta por la intervención militar, pero asume su responsabilidad con modestia.

Después de dos semanas de intensos forcejeos para involucrar a Estados Unidos en la guerra civil en Libia, el presidente Barack Obama cedió a las presiones de Gran Bretaña, Francia, la Liga Árabe y Naciones Unidas y ordenó la participación de las fuerzas armadas estadounidenses en operaciones militares conjuntas contra el régimen del dictador libio Muamar Gaddafi.

Como era de esperar, la prudencia de Obama para tomar la difícil decisión de involucrar al país en un tercer conflicto bélico ha sido criticada por algunos congresistas de línea dura como el republicano John McCain y el independiente Joseph Lieberman, dos senadores que le han reclamado al Presidente no haber actuado con mayor prontitud. Más allá de la insensatez de exigir respuestas inmediatas a situaciones tan complejas como la de Libia, lo relevante en esta coyuntura histórica es que la decisión de Obama de aceptar que las fuerzas armadas estadounidenses participen en la operación como parte de un esfuerzo multinacional para neutralizar a Gadafi, pero declinando asumir el liderazgo, es un gesto sin precedente en la historia de Estados Unidos. Ahora le toca a Francia, Gran Bretaña, España, y sobre todo a los Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Arabia Saudita, Qatar y Egipto asumir su responsabilidad y comportarse a la altura.

La insólita decisión de Obama también provocó previsibles reacciones airadas del senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham, otro reconocido halcón que dice estar “preocupado, porque en vez de asumir el liderazgo de la intervención militar, Estados Unidos haya escogido ir de comparsa”.

Es evidente que Graham no acaba de comprender que si el novedoso arreglo cumple con su objetivo de detener el avance de los ejércitos del dictador libio contra su propio pueblo, la imagen de Estados Unidos, tan deteriorada después de las injustificadas aventuras bélicas de George W. Bush en Irak y Afganistán, tendría una recuperación prodigiosa.

Lo que Graham se rehúsa a aceptar es que si esto sucede Obama pasaría a la historia como el primer Presidente estadounidense que se mostró dispuesto a aceptar que las fuerzas armadas estadounidenses participen al parejo con sus aliados en operaciones humanitarias, y como creador de un modelo que podría ser utilizado con legitimidad cada vez que un pueblo oprimido reclame el apoyo internacional.

Reconozco que la apuesta de Obama es arriesgada, y si bien celebro la decisión de enfrentar a Gaddafi, comparto las legítimas dudas del senador Richard Lugar, republicano por Indiana, “¿Sabemos bien a quién estamos tratando de apoyar en Libia? ¿Tenemos suficiente información sobre los líderes que encabezan la rebelión? ¿Sabemos qué vamos a hacer si la ‘guerra’ se prolonga?”. La resolución de la ONU no sólo establece la zona de exclusión aérea sino que autoriza ataques a las fuerzas militares libias en tierra e insta a los aliados a “realizar todas las reformas políticas necesarias para garantizar una solución pacífica y sostenible”.

Tampoco acabo de entender el nuevo estilo de “liderazgo no comprometido” de países como China, India, Rusia y Brasil que reclaman a voces un lugar privilegiado en los foros internacionales y un reconocimiento a su estatura como potencia mundial pero cuando llega la hora de tomar decisiones difíciles, de asumir costos, de exponer vidas y prestigio se abstienen de opinar y optan por la inacción. ¿Cuál es su posición frente a la masacre perpetrada por Gaddafi? ¿No merecen censura las violaciones a los derechos humanos de la gente por parte del actual régimen iraní? ¿De qué manera piensan ejercer su liderazgo si no están dispuestos a condenar los abusos de los dictadores contra sus propios pueblos? Esgrimir el argumento de la no intervención en los asuntos de otros pueblos frente a violaciones de los derechos humanos es un acto de cobardía.

Estados Unidos y Obama tampoco tienen fácil el horizonte, los vientos de libertad soplan por toda África del Norte y el Oriente Próximo. Si finalmente cae Gaddafi, ¿qué van a hacer Obama y sus aliados europeos con los gobiernos autocráticos en Arabia Saudita, Jordania, Bahréin, Qatar, Marruecos, Yemen?


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