¿Qué significa el voto alcanzado en la asamblea de la OEA en San Pedro Sula, de levantar la suspensión de Cuba como miembro de la OEA?
La decisión de los cancilleres del hemisferio de derogar la resolución mediante la cual se suspendió a Cuba de la organización en 1962 se entiende, por cuanto ésta se dio en un contexto de Guerra Fría que ya no existe. Se trataba de una resolución arcaica.
Sin embargo, la OEA de 1962 es otra distinta a la de 2001, año en el que se firmó la Carta Democrática Interamericana por todos los países miembros –incluyendo a Hugo Chávez– y mediante la cual se reglamentan los postulados de democracia, respeto a los derechos humanos y civiles, así como el pluralismo y la libertad a la que hacen honor las naciones miembros de la organización y que, muchos parecen coincidir, no se cumplen en Cuba.
Pero una cosa es la suspensión de la resolución de 1962, y otra el reintegro efectivo de Cuba en la OEA. Para que esto último sea posible se requieren varias cosas.
Para empezar, Cuba tendría que aceptar la Carta de 2001, y ajustar sus principios a los valores democráticos y de derechos humanos que rigen a la organización. Esto es difícil en un país que lleva más de 50 años en un sistema dictatorial, y en el que claramente la protección de los derechos humanos y las libertades individuales no han sido la prioridad.
En este sentido, cabe resaltar las palabras del director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, quien afirmó que “Cuba no debe ser considerado como un miembro pleno de la OEA, no por la ideología de su gobierno, sino por su flagrante violación de las libertades individuales enmarcadas dentro de la Carta Democrática Interamericana”.
Por otro lado, Estados Unidos no va a cambiar su posición de no aceptar a Cuba en la OEA si el Gobierno no se compromete con los principios contenidos en la Carta. Existen muchas presiones interiores hacia el gobierno de Barack Obama y al presidente no le interesa asumir el costo político que esto conllevaría.
Por ahora, el objetivo de la administración Obama es seguir dando pasos de distensión como fue el levantamiento de las restricciones a los viajes a Cuba y el envío de remesas de cubano–americanos a sus familiares en la isla, además de retomar el diálogo sobre migración a través de la comisión binacional creada para tal propósito durante la administración Clinton y que había sido suspendida en el pasado gobierno de George Bush.
Adicionalmente, el Gobierno cubano ha declarado en reiteradas ocasiones, que no le interesa ser parte de una organización como la OEA, la que califica como desprestigiada, al servicio de Estados Unidos y manejada política y financieramente por este país (el 60% del presupuesto de la OEA proviene de Estados Unidos). El presidente Raúl Castro, ha sostenido que existen otras instancias de interlocución regional, como Unasur, o el Grupo de Río, que son mucho más atractivas para el Gobierno cubano.
En suma, más allá de si Cuba ingresa a no a la Organización de Estados Americanos, lo que se debería estar debatiendo es la razón de ser de la OEA, su fortalecimiento y el futuro del sistema interamericano, pues tal como está concebida hoy en día, se ha convertido en un organismo obsoleto e ineficaz.