La diplomacia tomó este jueves Davos para activar con rapidez la reconstrucción de Gaza. El secretario general de las Naciones Unidas, el coreano Ban Ki-moon, reclamó a la comunidad internacional 613 millones de dólares para ayudar al millón y medio de personas que se encuentran en una situación precaria en la franja, devastada después de tres largas semanas de ofensiva israelí. Aprovechando la exclusiva cita que reúne a altos ejecutivos, economistas y casi medio centenar de jefes de Gobierno en Suiza, el mandatario de la ONU aseguró que las primeras evaluaciones demuestran que miles de personas se han quedado sin ningún acceso a alimentos o a servicios básicos de agua, saneamientos o salud.
Pero Davos es un lugar lleno de contrastes. Solo minutos antes de la petición urgente y millonaria del secretario general de Naciones Unidas, el jefe del Likud –el partido conservado israelí, al frente de los sondeos en las próximas elecciones legislativas de febrero–, Benjamin Netanyahu, aseguraba tajante que Hamas “continúa con sus actividades terroristas” y reclamaba a su Gobierno “una solución para esta lluvia de cohetes”. Netanyahu, sentado junto a la presidenta de Banesto, Ana Patricia Botín, declaró que Hamas “continúa con su fanática misión de destruir Israel”. Tras causar más de mil 300 muertos y más de 5 mil heridos en territorio palestino, la violencia sigue haciendo mella en la tregua entre Israel y Hamas. “La tregua es frágil”, constató Ban ante los periodistas en una rueda de prensa en el Foro Económico Mundial.
Tras haber cubierto apenas 80 millones del fondo destinado a ayuda humanitaria en Gaza, la ONU explicó que buena parte del dinero recaudado se dedicará a proporcionar viviendas a las 21 mil familias que han visto cómo la guerra ha destruido o dañado gravemente sus viviendas. Empeñado en mostrar la cara más amable del capitalismo, el foro ofreció a los primeros espadas que se reúnen en la estación alpina suiza la dudosa posibilidad de “empatizar” con los palestinos, con un juego de simulación que imita la vida en un campo de refugiados, con actores, iluminación y toda la parafernalia. A dos pasos del lujoso centro de congresos y de los hoteles donde se hospedan todas las celebridades.
