Casi 10 años después del inicio de la guerra de Afganistán, Barack Obama pone en marcha la retirada de tropas en un difícil juego de equilibrios. “La marea de la guerra remite”, anunció el presidente estadounidense el miércoles en su discurso sobre el estado de la nación. Antes de que acabe septiembre de 2012 quiere enviar a casa a 30 mil soldados desplegados en Afganistán y de ellos 10 mil se marcharán todavía este año. De esta forma Obama escogió el camino del medio.
Probablemente decepcionó con su plan a los que están más hartos de la guerra en su partido, que pedían una retirada a mayor escala y más rápida. Pero por otra parte, Obama no cedió al deseo de sus generales, que proponían reducir lo mínimo durante los dos próximos años la presencia de las tropas en el país.
De ello nació un plan que se aplica por fases y que, según estima el mandatario, puede ser aceptable para ambas partes y para él mismo también. El presidente habló en horario de máxima audiencia televisiva, lo que ya en sí es indicativo: Obama sabe lo mucho que hay en juego. La campaña electoral para 2012 ya ha comenzado y en los últimos meses, la presión sobre el presidente, tanto desde la izquierda como desde la derecha, ha ido creciendo para que acelere la prometida retirada de tropas.
En vista de la enorme deuda estatal de casi 15 billones de dólares en el Congreso se lucha por medidas drásticas de ahorro y a los republicanos no les duele aplicar la tijera en los programas sociales. La economía no parece acabar de despegar y justo el miércoles, el mismo día del discurso, la Reserva Federal volvió a ajustar a la baja las ya moderadas expectativas de crecimiento.
Tras casi 10 años de guerra en Afganistán y más de mil 500 muertos tan solo entre sus filas, gran parte de los pacientes y sufridos estadounidenses sencillamente ya tienen bastante. En un acto de equilibrio, Obama ha intentado trasladar esa sensación que se respira en el país a los planes de retirada. Tras el repliegue de 33 mil soldados, todavía quedarán 70 mil. Pero con todo, Obama consiguió presentar un rápido final tal como exigían sus conciudadanos con una cifra aceptable: un tercio de las tropas estarán en casa antes de fines de septiembre, justo poco antes de las elecciones en noviembre.
Y precisamente porque la campaña electoral ya ha comenzado, Obama mostró su lado populista. “Estados Unidos, ha llegado la hora de que nuestra nación se construya en casa”, dijo el mandatario en referencia a los “duros años económicos que acaban de pasar”. Estados Unidos, añadió, tiene que invertir ahora en su propio pueblo, “generar innovación, nuevas industrias y crear empleo”.