El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, plantó cara a todos los frentes –y no son pocos– que en los últimos días le han proporcionado reveses frente a sus hasta hace no tanto celebrados planes de cerrar Guantánamo, al reafirmar su voluntad de clausurar la cárcel de la base naval y su intención de trasladar a algunos de los ahí detenidos a territorio norteamericano.
El marco elegido hablaba casi por sí solo, el Archivo Nacional que alberga algunos de los documentos históricos más importantes y queridos por los estadounidenses, como la Constitución o la Declaración de Independencia. Pero por si no quedara claro el respaldo “moral” que buscaba, Obama lo subrayó al poco de iniciar su trascendental discurso de seguridad nacional: esos documentos constituyen “la base de la libertad y justicia en este país y una luz que ilumina a todos los que buscan la libertad, justicia, igualdad y dignidad en el mundo”. Un faro moral que Guantánamo dejó más que deslucido, según Obama.
“Guantánamo se convirtió en un símbolo que ayudó a Al Qaeda a reclutar terroristas para su causa” y encima “frena la voluntad de nuestros aliados de trabajar con nosotros para combatir a un enemigo que opera en muchos países”, sostuvo.
El mandatario reiteró por ello su voluntad de mantener firme la fecha de enero de 2010 como plazo límite para su cierre, a la par que señaló la necesidad de trasladar a algunos de los detenidos a territorio estadounidense. Según Obama, esta posibilidad no constituye peligro alguno para la seguridad de los norteamericanos ya que, recordó, el país cuenta con prisiones de máxima seguridad de las que “nadie ha escapado jamás” y que ya encierran a “todo tipo de criminales peligrosos y violentos”.
“No vamos a liberar a nadie que pudiera poner en peligro nuestra seguridad nacional ni liberaremos a detenidos dentro de Estados Unidos que puedan poner en peligro al pueblo norteamericano”, insistió.
De este modo apuntaba con su dedo acusador a los senadores, tanto republicanos como de su propio bando, los demócratas, que la víspera le habían proporcionado un duro golpe al negarle los 80 millones que pidió para llevar a cabo sus planes de cierre de la base naval en Cuba.
Los senadores adujeron fuertes dudas sobre la seguridad de trasladar a algunos de los detenidos en Guantánamo a territorio estadounidense y afirmaron que el mandatario debe especificar sus planes para clausurar el centro de detención antes de que se le conceda el dinero para ello.
Una postura que vieron respaldada por el mismísimo director del FBI, Robert Mueller, quien también el miércoles dijo sentir “preocupación” por que “algunos de los terroristas más peligrosos sean transferidos a Estados Unidos o liberados en comunidades estadounidenses” con el cierre de Guantánamo.
Mas Obama los acusó hoy de “politizar” un asunto “sembrando miedo”, algo que, afirmó, “no hará ningún bien” al país ni a la seguridad nacional. “He oído palabras que estaban calculadas para atemorizar a la gente más que para educarla, palabras que tienen que ver más con la política que con proteger nuestro país”, sostuvo el presidente, según el cual su administración trabajará junto con el Congreso para desarrollar un “régimen legal apropiado” para tratar los casos de los detenidos más controvertidos.
El bando republicano sin embargo no pareció impactado por las palabras de Obama y se apresuró a criticar que el mandatario no presentó un plan claro, tal como le habían demandado.