A él le gustaría, pero no puede. En realidad, la lucha contra el cambio climático es una convicción propia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pero en la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático que se realizará en Copenhague tendrá las manos atadas.
El hombre más poderoso del mundo es prisionero de su Parlamento. Pese a que hubo meses de debate, el Senado no logró llegar a votar sobre el tema de la emisión de gases de efecto invernadero. Por este motivo, la delegación estadounidense viajará a Copenhague sin mandato. “Misión imposible” denomina la Fundación Heinrich Böll el dilema. No hay peor presagio para la conferencia.
Sin embargo, hay una luz de esperanza. Obama anunció que participará personalmente en la conferencia el 9 de diciembre. Una cosa es segura: no solo cosechará aplausos. Desde hace meses que el encargado especial en temas climáticos Todd Stern advirtió sobre un escenario sombrío: el entonces presidente Bill Clinton firmó con orgullo en su momento el Protocolo de Kyoto, pero el Congreso se negó posteriormente a ratificar el tratado.
Sin la firma del entonces mayor país contaminante del mundo todo el acuerdo solo tenía la mitad de su valor. Según el Protocolo de Kyoto, Estados Unidos debería haber reducido la emisión de gases de efecto invernadero hasta el año 2012 en 7%. En cambio, la organización Greenpeace indicó que subió 16% solo hasta 2005. Se trata de una debacle, que no debería reiterarse, advirtió Stern.
El cambio climático sigue siendo un tema muy controvertido en Estados Unidos. Según una encuesta del Pew Research Centre, solo el 57% de los estadounidenses cree que existe “evidencia sólida” del calentamiento global.
En Copenhague, la delegación estadounidense deberá hacer un balance, que no podría ser más delicado: por un lado quiere negociar y combatir el cambio climático, pero por otro lado, su espacio de maniobra es sumamente limitado. Es decir, que debe tratar de alcanzar un acuerdo para reducir la contaminación global y satisfacer a potencias como China y la Unión Europea, sin ganarse la antipatía de los legisladores escépticos en su país.
Hasta ahora, solo la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que, sin embargo, está muy lejos de las expectativas europeas. Hasta el año 2020 se deben reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 17% en comparación con el nivel de 2005.
Esta es la magra propuesta que Obama presentará en Copenhague.