Fue un mensaje totalmente en la línea del nuevo Presidente. Nada de conversaciones diplomáticas secretas: un mensaje de video, disponible en internet, fue el medio elegido por Barack Obama para lanzar su nuevo intento de buscar una salida al atolladero del Cercano Oriente.
Y su mensaje sonó de forma considerablemente diferente del tono al que su predecesor, George W. Bush, había acostumbrado al mundo. Si Bush incluso llegó a preconizar la posibilidad de una tercera guerra mundial en relación al programa atómico iraní, el nuevo ocupante en la Casa Blanca habló de un “nuevo día” en las relaciones congeladas, de “respeto mutuo” y de “humanidad común que nos une”.
Nadie duda de que el mensaje de reconciliación a Teherán tiene que ver menos con un inocente pacifismo en Washington que con los mecanismos de la realpolitik (el predominio de los intereses nacionales por encima de los principios).
Obama dejó también claro al régimen de los mulás que hay que pagar un precio para ocupar el lugar que le corresponde en la comunidad internacional.
Irán no podrá llegar ahí “mediante el terror o las armas”, destacó el Presidente con tono firme, sino solo con medidas pacíficas. El pan de azúcar de Obama reemplaza así a la fusta que durante el gobierno de Bush fue el principal utensilio diplomático. Paso a paso, Washington parece intentar acabar con los períodos diplomáticos de silencio con aquéllos a quien Bush veía como parte de un “eje del mal” y romper su aislamiento.
A comienzos de mes, un diplomático estadounidense de alto rango habló por primera vez en cuatro años con la cúpula siria, y los líderes estadounidenses ya consideran conversar también con los talibanes moderados.
Washington se había mostrado antes también abiertamente a favor de una participación de Irán en una conferencia sobre Afganistán.
Expertos en política exterior estadounidense ven el nuevo rumbo con benevolencia. “Todo debería enfocarse a cambiar el comportamiento de Irán”, opina el Presidente del renombrado instituto de política exterior Council on Foreign Relations en Washington, Richard Haas, que lo considera posible.
“Pero será más probable que ello ocurra con un Irán integrado en la región y en el mundo que con uno aislado que se entrega a las formas más extremas de radicalismo y de nacionalismo”, explica el prestigioso experto.