Mientras la comunidad internacional sigue ejerciendo presión en pro del alto el fuego inmediato en la Franja de Gaza, en Israel la ofensiva militar cuenta con el apoyo amplio de la población y tendrá sin lugar a dudas un efecto decisivo sobre las elecciones generales del mes que viene.
Apenas quedan ya cuatro semanas para los comicios parlamentarios del 10 de febrero, y la situación parece beneficiar a los principales partidos del gobierno, el Kadima de la ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, y el Partido Laborista del titular de Defensa, Ehud Barak, que se enfrentan a un derechista Benjamin Netanyahu refortalecido tras años de oposición.
Hasta el mismo día en que comenzó la ofensiva en Gaza, Israel estaba inmerso en la campaña y el debate se centraba en las novedades en las listas de los partidos, en qué candidato iba más a la moda o quién tenía la mejor página de internet. Sin embargo, tras el estallido del conflicto armado, los tres principales candidatos anunciaron la suspensión de sus campañas, y desde entonces, el mismo Likud de Netanyahu emite mensajes en apoyo a la operación contra la organización Hamas.
El partido ha cambiado sus pancartas electorales iniciales por otras en las que pone “Juntos somos fuertes”, mientras el ex primer ministro Netanyahu colabora en los esfuerzos del gobierno de Ehud Olmert para dar a conocer la postura israelí y, por ello, ha concedido estas semanas hasta 15 entrevistas al día a la prensa extranjera.
Cuando aún no está claro cuál será el desenlace de la ofensiva, los ataques israelíes están encontrando altos niveles de apoyo. Según una encuesta publicada en el diario Yediot Ahronot, el 94% de los israelíes judíos consultados apoya la operación y un 92% cree que beneficiará a la seguridad del país.
Por ahora, a quien más parece beneficiar la ofensiva es a Barak. Antes de que comenzara la operación, el que es el soldado más condecorado de Israel contaba con el apoyo en las encuestas de popularidad de apenas el 20% de la población y a su partido se le vaticinaba un batacazo electoral.
Ayer, el mismo sondeo de Yediot Ahronot le atribuyó una confianza popular del 62%, el mismo nivel que el presidente Shimon Peres y solo superado por el jefe del Estado Mayor del Ejército, Gabi Ashkenazi, con un 85%, una prueba del prestigio de que gozan los militares entre la población. “Estamos en una de las regiones más inmisericordes del mundo y aquí ceder es castigado”, afirmó hace unos días Barak, reflejando así la opinión de una gran parte de la población, que aboga porque la ofensiva siga pese a la presión internacional. Livni, por el contrario, viene apareciendo durante la ofensiva en un plano bastante peor que el líder laborista. Ha tenido que contestar a las acusaciones internacionales sobre la precaria situación humanitaria en Gaza y también recibió fuertes críticas en Israel por la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU la semana pasada en la que se exige un alto el fuego inmediato.
