A final de cuentas, el tema nuclear impulsará o romperá el diálogo que el presidente Obama quiere abrir con Irán. Pero, él ha optado por el lugar indicado para probar las posibilidades de la cooperación entre Estados Unidos (EU) e Irán. Este fue el significado del reconocimiento que le dio la secretaria de Estado Hillary Clinton a Irán, en el sentido que sería invitado a una amplia reunión con todas las partes que tienen algo en juego y un interés en Afganistán.
Irán ha apoyado a las fuerzas opuestas al talibán en Afganistán y sufre por el tráfico de opio a través de la frontera, que es cultivado en áreas controladas por el talibán en Afganistán. Tiene sentido empezar el diálogo entre EU e Irán en las áreas que los intereses compartidos sean claros y la cooperación en el pasado haya sido fructífera. Sin embargo, el tema difícil que no puede ser postergado por mucho más tiempo es la intención de Irán de convertirse en una potencia nuclear. A pesar de diversos estimados sobre la cantidad de uranio enriquecido que Irán ya ha producido, gobiernos e inspectores tienen claras las capacidades iraníes. El misterio radica en las intenciones finales.
En un genuino diálogo entre EU e Irán, particularmente uno que se apoye en acciones de beneficio mutuo en Afganistán, Obama tendría valiosos incentivos que ofrecerles a dirigentes iraníes, si ellos accedieran a renunciar a la capacidad del armamento nuclear. Podrían recibir una garantía de provisiones de combustible nuclear para fines pacíficos, incluso instalaciones de enriquecimiento de uranio en suelo iraní, siempre y cuando estuvieran equipadas con tecnología que le impidiera a Irán desviar lo que fuera producido ahí para aplicaciones en un programa militar.
Los legisladores iraníes también pudieran obtener el equivalente de una garantía en el sentido que no habría cambio de régimen por parte de Washington. A cambio de que deje de jugar al expoliador y divisor en Líbano, el ruedo político de los palestinos, y en el mundo árabe en general, Irán podría ser incluido en organizaciones regionales y tener voz en cuestiones comerciales y de seguridad que afectan a sus intereses. De esta manera, Irán podría seguir una senda diplomática hacia el reconocimiento que busca como una de las principales potencias en su región.
Sin embargo, Obama tendrá que explicar a sus socios del diálogo en Irán que estos beneficios no son compatibles con el hecho que Irán se convierta en una potencia nuclear. Por el contrario, si Irán llegara a adquirir la capacidad de producir armas nucleares, eso casi seguramente desataría una ronda de proliferación nuclear en la región, provocando más recelo que nunca entre sus vecinos. Como India aprendió después de adquirir tecnología nuclear y anular, por tanto, su ventaja militar de tipo convencional sobre Pakistán, la adquisición de armas nucleares inutilizables puede dejar a un país más vulnerable y menos seguro. Obama ha hecho bien en mostrarle a Irán que está listo para ir a la mesa (de negociación). Pero, más pronto que tarde, Irán tendrá que mostrar sus cartas: tendrá que revelar sus verdaderas intenciones.
