La Unión Europea (UE) se vanagloria de su solidaridad. Es la piedra angular sobre la que descansan los fundamentos comunitarios. Pero este concepto se ve puesto a prueba. La llegada masiva de refugiados tunecinos es un nuevo examen para la solidaridad comunitaria y vuelve a mostrar que la buena disposición de los socios comunitarios tiene sus límites. Y es que los 27 miembros de la Unión Europea están divididos sobre la forma de abordar la llegada de inmigrantes ilegales.
De un lado están los países mediterráneos como Italia, España, Malta o Grecia, más expuestos a esas oleadas masivas. Estas naciones piden que también otros países comunitarios acojan a los inmigrantes antes de que se solucione el proceso de solicitud de asilo político. Y se quejan. Según el ministro de Interior italiano, Roberto Maroni, la UE ha dejado sola a Italia, “como de costumbre”. De la otra parte están países como Alemania, Suecia o Austria, que no se ven directamente afectados al estar más lejos de las fronteras sur de la UE y se niegan a aceptar inmigrantes.
Para ello se remontan al derecho comunitario. Más en concreto al acuerdo Dublín II, según el cual cada país es responsable de los refugiados que llegan a su territorio y debe decidir sobre su derecho de asilo. “Estos países escapan de sus obligaciones. Eso es muy cómodo”, criticó un diplomático comunitario en Bruselas. Mientras, la canciller alemana, Angela Merkel, advirtió que en Alemania no habrá una acogida general. Por supuesto, “no todas las personas que no quieren estar en Túnez pueden venir ahora a Europa”, dijo la líder conservadora. Por eso Berlín tampoco quiere hacer ninguna excepción, para evitar un “efecto llamada”. También se descartó la propuesta de Roma de enviar policías a Túnez. No sería posible en términos jurídicos pues supondría una injerencia en la soberanía nacional del país africano.
Sin embargo, Europa podría verse obligada ahora a revisar su política migratoria. La Comisión Europea quiere unificar la legislación de asilo ya desde 2008. Sin embargo, para Alemania y otros países, las propuestas del Ejecutivo comunitario son demasiado laxas. “No todo el que solicita protección en Europa la necesita”, reza una posición conjunta de varios gobiernos conservadores. Sólo en 2009, los países de la UE recibieron 250 mil peticiones de asilo.
Hay que apoyar más a los países africanos para que la gente tenga allí más perspectivas de futuro, responden algunos políticos cuando se refieren a la política migratoria. Así se reducirá el número de emigraciones. El inconveniente es que la lucha contra la pobreza requiere años y en la actual situación de crisis el dinero no ayuda. La UE destinó unos 670 millones de dólares a Túnez entre 2007 y 2013.
Los países de la UE solo están de acuerdo en una cosa: hay que proteger mejor las fronteras para interceptar a los emigrantes cuando están en camino a suansiada Europa. En los últimos años el número de embarcaciones con inmigrantes en dirección a Europa ha caído debido a los acuerdos con los países de origen para proteger los controles fronterizos y fomentar las repatriaciones.