Estar al frente de un producto comercial rentable debe ser, en principio, un bonito sueño para cualquier actor que desea lograr dinero, fama y, sobre todo, poder dedicarse a lo que más le gusta en la vida.
El detalle es ¿qué hacer luego de que se ha terminado la película que le ha dado fortuna y le ha permitido que su imagen esté en las portadas de todas las revistas de moda?
Una buena idea es seguir trabajando en la industria y administrar sus sueldos millonarios para que no se esfumen demasiado pronto de sus cuentas bancarias.
Ese será el futuro cercano y los siguientes retos existenciales del joven intérprete Robert Pattinson, uno de los rostros más conocidos de la actualidad cinematográfica, gracias a las adolescentes del planeta que adoran la saga conservadora y lineal de Crepúsculo.
¿Qué hará Pattinson luego del estreno en 2011 de The Twilight Saga: Breaking Dawn? ¿Qué pasa si a la novelista Stephenie Meyer no la convencen los productores y sus editores para que siga alimentando la imaginación púber con sus obras recicladas de lo que alguna vez fue el gran género del terror fantástico?
Al chico Pattinson no le tocará de otra que seguir laborando en el Hollywood comercial o en el sector independiente, o bien vivir de sus viejas glorias e ir por allí sobreviviendo en congresos dedicados a Crepúsculo y vender su autógrafo a los que le recuerden, como hacen algunas antiguas estrellas de producciones como Star Wars y Star Trek.
Robert Pattinson ha optado por seguir en el cine.
Una muestra de que se está preparando para el final de Crepúsculo es Recuérdame, un drama romántico sobre un muchacho que debe seguir adelante a pesar de que su hermano se suicidó, sus padres se han divorciado, que es un incapaz para tener una relación sentimental más o menos sana y encima debe enfrentarse a unos atentados terroristas.
Recuérdame está llena de buenas intenciones, aunque como ustedes saben, eso no basta para que una película valga la pena.
En Recuérdame queda claro que el muchacho puede algún día actuar en gran plan y que es algo más que un tipo con el ceño fruncido todo el tiempo, como aparece en casi todas las escenas de Crepúsculo y sus secuelas.
Recuérdame ofrece un guión pretencioso, aspira a ser un asfixiante drama familiar y no lo logra ni de lejos; sus personajes tienen una débil construcción y los conflictos dramáticos, aunque intensos, no logran desarrollarse lo suficiente como para conmover, salvo que seas fanática de las películas de Crepúsculo.
Por lo que esta cinta debería llamarse en toda regla: Olvídame, y pronto.
Mi estimado Manohla Dargis, del periódico estadounidense The New York Times, lo dice con una frase fabulosa: “En Recuérdame, el amor significa no tener que decir nunca lo siento, sobre todo al público”.

