Como todos los años, al acercarse las fiestas de noviembre el tema de los símbolos patrios y la “panameñidad” (si digo panameñismo me lo confunden con la politiquería) vuelve a convertirse en argumento de conversación.
Por suerte, parece que la idiotez de prohibir la celebración del Halloween en las escuelas fue descartada definitivamente. El argumento de que es una fiesta extranjera, que no representa nada para nosotros, y que compite con nuestras celebraciones patrias, debía servir para pensar las razones de esta preferencia por parte de la gente (especialmente la juventud) en lugar de prohibir cosas. Personalmente creo que el sentido de las fiestas patrias se ha ido perdiendo con el tiempo, para convertirlas en otro “fin de semana largo” sin que se valore que significan. Personalmente, creo que las actividades del “mes de la patria” se han ido convirtiendo (como casi todo) en momentos para hacer política. Así, ya no son solo miembros del gobierno, si no que cada candidatucho local, municipal o nacional, aprovecha la oportunidad para montar “su tarima” y sacar a pasear a su correspondiente banda de manzanillos. Como ya he dicho alguna vez antes, en lugar de estimular el espíritu militar con desfiles, charreteras, sables, rifles y bandas de guerra, lo que se debería hacer es producir actividades culturales en las que se destaquen nuestra historia y tradiciones. Es perfectamente válido hacer concursos de oratoria, declamación, de poesía, de redacción, de canto y de bailes típicos, para que los estudiantes en edad escolar se involucren más con la cultura panameña.
Pero no todo son los desfiles y marchas. Hace unos años, se discutió si era o no correcto poner la bandera nacional en unas chancletas o un bikini. Según algunos, es una falta de respeto a la nación el que se utilicen los símbolos en piezas de ropa, sombreros, camisetas, vasos, barajas, platos o cualquier otra forma de souvenir. Incluso, creo recordar que hay alguna ley de hace más de 60 años, que define cómo y cuándo se puede usar la bandera. Por suerte, los “banderólogos” llevan varios años sin aparecer en los medios para explicar si las estrellas llevan las puntas para arriba o para abajo. Obviamente, otra cosa es colocar la bandera “al revés” como ocurrió hace poco en una pelea de boxeo en la que nuestro compatriota entró con la bandera “patas arriba”. ¿Será tan difícil entender que la estrella azul, siempre debe ir junto al asta, arriba y a la izquierda cuando la bandera es vista de frente?
En ese mismo sentido, esta semana leí en twitter, algunas opiniones con relación a la utilización de “forros” con la bandera en los retrovisores de los carros. En lo personal, me parecen horribles pero no porque sea un irrespeto al país. Si alguien quiere llevar su bandera en el retrovisor, en el parabrisas, en los zapatos o en un sombrero, es una decisión personal y, como tal, se le debe respetar.
Pero todo esto, no significa que los panameños hayamos perdido la emoción por aquello que nos identifica. Hay que ver el entusiasmo que se genera cuando juega nuestra selección de fútbol. Todos vestimos de rojo y nos identificamos plenamente con nuestro equipo. Porque el fútbol ha desplazado al béisbol como el deporte que más entusiasma a la población. La “Marea Roja” es sin duda la mayor manifestación de nacionalismo que tenemos los panameños en este momento. Nada se le parece. En algún momento fueron las peleas del Cholo Durán, el salto olímpico de Irving Saladino y posiblemente en el futuro, las participaciones olímpicas de Carolena Carstens. Porque para que una sola persona haga que miles busquen un televisor para verlos competir, requiere de un carisma individual que no todos tienen.
Pero tampoco caigamos en fanatismos. Hace poco, se quejaban de que la liga local de fútbol no tenía apoyo en los estadios, mientras que mucha gente se identifica con el Real Madrid, el Barcelona, el Manchester, el Milan o la Juventus. La razón es simple. El nivel de nuestro fútbol de clubes aún está muy lejos de alcanzar un nivel competitivo. Y, guste o no, la gente tiende siempre a preferir aquellas cosas que los divierten. (Como el Halloween). Poco a poco, no dudo que la identificación con los equipos locales será mayor. Pero todo toma su tiempo.
Y si hablamos de símbolos patrios y de “panameñidad”, pensemos en cómo se maltrata la imagen de nuestro país en otras instancias muchos más serias. No me digan que llevar una banderita en los calcetines es irrespetuoso, cuando hay funcionarios públicos, ministros, diputados, magistrados o presidentes, involucrados en negocios turbios mientras representan a Panamá, frecuentemente con un elegante escudo dorado en la solapa. Pedir una coima (eufemísticamente llamada “comisión”), manipular una licitación o favorecer a sus familiares son prácticas comunes que lesionan mucho más a nuestro país que ninguna banderita con las puntas de las estrellas para arriba o para abajo.
Por eso, en este “mes de la patria”, disfrutemos lo maravilloso que es ser panameños y pongamos cada uno de nuestra parte para mejorar nuestra nación. Pero sin dejar de identificar a todos aquellos que verdaderamente, maltratan nuestra imagen tanto dentro, como fuera de nuestras fronteras. ¡Y que viva Panamá!