Las elecciones legislativas de México dejarían al presidente Felipe Calderón remando contra corriente en medio de la crisis económica, tratando de impulsar en la segunda parte de su mandato reformas estructurales en un Congreso donde la oposición lograría una mayoría.
En los primeros tres años de mandato, Calderón contó con el apoyo del opositor Partido Revolucionario Institucional (PRI), la fuerza que gobernó el país por 71 años hasta 2000 muchas veces bajo denuncias de autoritarismo y corrupción.
Después de esa dura derrota, el PRI comenzó a transformarse en una oposición constructiva, algo que mejoró su imagen. Calderón, que asumió en 2006, logró algunas reformas –no tan ambiciosas como las que buscaba– como la energética, la fiscal y la del sistema de pensiones. Sin embargo, analistas creen que no fueron suficientes y hay que profundizarlas. Pero después de los comicios legislativos programados para el 5 de julio, en los que encuestas arrojan que el PRI ganaría una mayoría de los diputados, el partido opositor podría estar más reacio a ayudar al Gobierno mientras se posiciona para las elecciones presidenciales de 2012.
“No pinta nada bien conformada la (próxima) Cámara de Diputados. Si Calderón era muy dependiente de la voluntad del PRI durante la primera parte de su sexenio, pues ahora va a ser todavía más dependiente”, dijo Leo Zuckermann, analista del Centro de Investigaciones y Docencia Económica (CIDE).
El PRI podría llegar a duplicar sus diputados en la Cámara baja y convertirse en primera fuerza; y el PAN –castigado por la crisis económica– perdería decenas, según la encuestadora Consulta Mitofsky. Eso sería un factor de turbulencia para los tres últimos años de gobierno de Calderón, que tiene en el tintero una profunda reforma fiscal y otra para el mercado laboral a fin de crear más trabajos y bajar el creciente desempleo. Calificadoras de riesgo estudian bajar la nota de deuda del país si no logra una reestructuración tributaria.
Calderón necesita las reformas para amortiguar el golpe de la crisis en la economía, para la cual pronósticos oficiales auguran una contracción del 5.5% este año, mientras además lucha contra la violencia de carteles del narcotráfico.
Calderón llega a los comicios de julio con una aprobación a su gestión de casi un 70%, en parte por lo que los mexicanos consideraron un buen manejo de un brote de influenza y por su compromiso en el combate a las drogas. El Gobierno tiene cerca de 45 mil militares desplegados para luchar contra los carteles, el mayor problema de seguridad del país y cuya violencia ha dejado cerca de 12 mil 300 muertos desde el inicio de su mandato.
Esta cruzada de Calderón, clave para su popularidad, suavizaría un poco la derrota del PAN en las elecciones de julio, aseguraron analistas. “En el área donde mejor se le evalúa (al presidente) es en el combate a la inseguridad (...) En medio de una recesión económica, uno esperaría un gran castigo para el partido en el gobierno, y no existe”, dijo Roy Campos, director de Mitofsky. De todos modos, es un mal momento para que el balance de fuerzas en el Parlamento se vuelva desfavorable a Calderón.