Catalunya prohíbe las corridas y el público de la Monumental acaba por indultar al tercero de la tarde. Durante el paseíllo sonó “Els Segadors” y se leyó en catalán y en castellano un manifiesto protaurino.
Katia da un empujoncito a su compañero para que se acerque un poco más porque el zoom de la cámara tiene poco alcance. Falta menos de una hora para que empiece, a las seis y media, la corrida de toros en la Monumental, la primera después de la prohibición por el Parlament, y en la calle Marina esquina Gran Via hay animación.
Un centenar de taurinos y antitaurinos, mitad y mitad, con toda la parafernalia propia de cada causa, se cruzan gritos e insultos desde una y otra acera, bajo el control de una brigada móvil de los Mossos d*Esquadra. Hay momentos de tensión, pero sin incidentes, y los turistas no paran de sacar fotos y grabar esa escena costumbrista que más de uno mostrará como typical spanish. La polémica por la prohibición de las corridas en Catalunya ha cruzado fronteras y el testimonio gráfico será un buen souvenir.
La cobertura mediática, ya sólo patria, es también alta y, como es habitual, cuando hay cámaras de por medio siempre hay quien desde uno y otro bando llama la atención. Eduard es de Cardona y lleva puesta una camiseta en defensa de los correbous. Ha venido con su amigo Jordi, al que también le gusta todo lo que sea fiesta taurina. Pero Eduard recrimina a los periodistas que presten atención a los “cuatro exaltados” que defienden las corridas con mucho griterío porque siente que no representan al colectivo.
Él es aficionado a los toros desde hace más de tres décadas, tiene fotos con dos años en la Monumental, de cuando su abuela lo llevaba a ver el último toro de la tarde. Pilar también es de las veteranas. Lleva más de 50 años yendo a los toros y ya llevaba a su hija con ocho meses, antes de que se prohibiera la entrada a los menores de 14 años, como ocurre ahora. Debió crearle afición porque hoy también la acompaña, y por eso Pilar reivindica que en otras plazas sí se permite ir a los niños y les dejan ver los toros de cerca.
Ella está muy enfadada con la prohibición y lo tiene claro: es culpa de CiU porque sin sus votos no se hubiera prohibido las corridas. También Xavier, abonado de la Monumental y miembro de la peña José Tomás, alude a la próxima cita electoral en una pancarta con el lema “Nos veremos en las urnas”. Xavier reprocha a los antitaurinos que una vez conseguido su objetivo sigan concentrándose frente a la plaza. Ahora deberían estar haciendo la guerra en las Terres de l*Ebre', señala, en alusión a los correbous.
“Hay que ir paso a paso, y ahora iremos a por los correbous”, asegura Roser, que con su amiga Alba no se han querido perder la primera tarde en la Monumental después de la victoria en el Parlament. Hace tiempo que asisten a la concentración antitaurina de los domingos, sobre todo cuando hay buen cartel, pero esta vez han brindado con cava. “Se pensaban que éramos cuatro gatos porque a las concentraciones no va mucha gente, pero ya se ha visto que somos muchos y ahora vamos por la prohibición en otras comunidades'”, señala Roser. Cerca de ellas, Katia indica a su amigo que grabe en la otra acera, a uno de los protaurinos, que espeta: “Me voy a Francia, que allí Sarkozy no nos prohíbe'”. Se suman otros gritos por la libertad, que son replicados por las consignas animalistas de “asesinos”' y “la fiesta va a acabar”.
Los antitaurinos muestran carteles en varios idiomas que aluden a la tortura. Josepa lleva uno de ellos, se declara defensora de todos los animales y sólo lamenta que se tenga que esperar aún un año y medio para que la prohibición de las corridas entre en vigor en Catalunya, en enero del 2012. “Esto ni es arte ni es nada, ni dignifica a España”, apunta. En el bando taurino, el matador Serafín Martín asegura que los toreros lucharán por revocar la prohibición.
Avanza la tarde y uno de los bandos va quedando vacío. Un hombre apremia a su hijo: “vamos que empieza a y media”. En el cartel, los diestros Juan José Padilla, Curro Díaz y Miguel Tendero. Este último, que debutaba, indultó al tercer toro, de 535 kilos y de nombre Rabito. Antes de iniciarse la corrida se leyó un manifiesto en catalán y en castellano en defensa de los toros, y durante el paseíllo, quizá como venganza, sonó Els Segadors.