Al presidente francés, Nicolas Sarkozy, le gusta incluir a otros líderes en sus grandes proyectos políticos. Entre ellos a Angela Merkel, la canciller de Alemania, considerada junto a Francia el motor de la UE. Esta vez, sin embargo, Berlín no ha dudado en contradecir la última declaración de Sarkozy.
Lejos de su habitual discreción, Alemania rechazó vehementemente tras la última cumbre de la Unión Europea (UE) en Bruselas que también esté planeando desmantelar campamentos gitanos en su territorio, tal y como sostuvo el mandatario galo.
El Palacio del Elíseo no ha respondido por ahora al inusual desmentido de la cancillería en Berlín. “Solo lo puedo atribuir a un malentendido”, dijo respecto a las palabras de Sarkozy el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle.
Los responsables en Bruselas se esforzaban claramente por evitar una mayor escalada. Para muchos expertos la virulenta disputa el jueves pasado entre Sarkozy y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, pasará a los anales del bloque comunitario.
“Uno podía oír las voces al otro extremo del pasillo”, recordaba un diplomático. Un colega que lleva varios años en Bruselas citaba solo los tiempos de la guerra de Irak en 2003 o las conversaciones sobre asuntos financieros en 2005 como momentos en los que el pleno vivió momentos de tensión similares.
“Déjennos hacer nuestro trabajo y concentrarnos en los temas de fondo”, dijo la portavoz de Barroso respecto al altercado. Bruselas apuesta porque el asunto no pase a mayores, ya que las disputas entre los grandes países del bloque hacen temer una parálisis en la que los líderes se distancien cada vez más uno del otro.
“La UE está por convertirse en una gran Bélgica”, apuntaba una fuente diplomática en alusión al pequeño Estado políglota en el corazón de Europa, hundido actualmente en el caos político.
Para muchos expertos la cooperación franco-germana es especialmente vital en tiempos difíciles como éstos. “Para que Europa avance tiene que haber una armonía dinámica entre Alemania y Francia. Si la hay Europa funciona; si no, no”, dijo ya hace ocho años el entonces presidente galo Jacques Chirac.
Durante la crisis de la deuda en Grecia hace algunos meses el motor franco-alemán pareció atascarse por momentos. París y Berlín tampoco terminan asimismo de ponerse de acuerdo en puntos respecto al nuevo orden económico europeo.
Algunos puntos candentes pueden vislumbrarse ya en el horizonte europeo. Sobre un tema en disputa, por ejemplo, se habla en Bruselas solo entre bastidores: el relevo del francés Jean-Claude Trichet en la cúpula del Banco Central Europeo.
El favorito es el alemán Axel Weber, actualmente al frente del Bundesbank. La designación, están convencidos los expertos, no será posible sin un acuerdo entre Merkel y Sarkozy.