No serán “los mejores carnavales del mundo”, pero los de Penonomé tienen muchas cosas que los hacen únicos. Ante todo, sus desfiles acuáticos o de balsas en Las Mendozas, y la actitud despreocupada con la que se asume la fiesta. Casi nadie se desvive por las tunas, las tonadas o las reinas... De hecho, en lugar de reinas, tenemos princesas: una para cada día. Si no hay reinados, tampoco rivalidades. Todo el mundo conforme y decidido a pasarlo bien.
Las princesas animan su día desde temprano, usualmente ofrecen un desayuno a sus seguidores y de ahí marchan juntos al culeco, que se puede extender hasta el final de la tarde (aunque los cisternas solo pueden tirar agua hasta las 3:00 p.m.) y, ya en la noche, a recorrer la avenida principal con su disfraz o pollera. El desfile dedicado a la pollera es el de mayor vistosidad. Es el único momento en que la ciudad realmente se paraliza.
Confieso que soy de la minoría que va directamente al Manguito, en el barrio de San Antonio, sin pasar siquiera por el parque.
Esa es otra particularidad del Carnaval penonomeño: cuenta con un espacio propio, libre de tarimas controladas por canales de televisión o emisoras de radio, con algún reguesero dirigiendo el culeco. En cambio en el Manguito hay murgas, cisternas y abarroterías alrededor para que a nadie le falte nada. Aquí se agrupa lo que sería la facción conservadora del Carnaval penonomeño, porque los más liberales se quedan en el parque. Pedrito no le dedicaría una canción al Manguito jamás.
Después del mediodía, unos cuantos cisternas con agua de Las Mendozas y algunas bebidas, pareciera que ya todo el mundo se sabe la letra de la canción Guacamaya, la cual se canta de brazo echado con los amigos. El Manguito también ha de ser el único lugar del planeta donde llegan gobernantes, magistrados o políticos, y no pasa absolutamente nada. Nadie se inmuta. En eso sí, son los mejores carnavales. A Juan Carlos Varela me tocó verlo varias veces ahí, cuando era aspirante a la Presidencia. En esos culecos, pareció encontrar la fórmula perfecta para hacer política y mercadear el Seco Herrerano a la vez.
La mejor prueba de que esto gusta tanto, es que todos los años repite casi siempre la misma gente. Saben que van a encontrar lo mismo que han encontrado durante años, que es lo que ha hecho que el Manguito sea lo suficientemente bueno como para adquirir su propia identidad dentro del Carnaval penonomeño.
