El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el primer ministro de Japón, Yukio Hatoyama, quieren afrontar los grandes desafíos internacionales, sobre todo dando pequeños y sopesados pasos.
Afganistán, la lucha contra el cambio climático, la liberalización del comercio mundial o los nuevos desafíos nucleares son una serie de temas que estuvieron sobre la mesa en su encuentro de esta semana y en los que tanto el visionario Obama como el que está considerado en Japón como hombre del cambio revolucionario, solo intentan ganar tiempo.
Así, Obama, al ser preguntado por la prensa, tuvo que subrayar una vez más que su política sobre Afganistán no es “oscilante” ni “titubeante”. Reiteró la fórmula que lleva empleando desde hace semanas [y que suena un poco a desconcierto y a excusa] que “pronto” dará conocer una decisión al respecto.
Obama acudió a Japón, sobre todo con un mensaje claro: Estados Unidos no considera Japón un “socio menor”, sino un aliado “fuerte y [que está] en igualdad de condiciones”. “El respeto y la responsabilidad” son los términos clave de las nuevas relaciones bilaterales, según aseguró un consejero de Obama en la capital japonesa.
De ese modo, los estadounidenses quieren dar con el tono empleado una respuesta a la aspiración claramente expresada por Hatoyama de actuar en el futuro con Washington de igual a igual y así, según palabras de un hombre de confianza de Obama, ser justos con el “cambio histórico en Japón”.
Obama se reunió en Tokio con un político al que le une cierta afinidad espiritual. Hatoyama conoce EU, un país por el que siente gran simpatía, en el que estudió su carrera universitaria y donde se doctoró (en la universidad de Stanford). Al igual que Obama, el político japonés coloca al ser humano como centro de su actuación política.
Se aparta de una globalización dirigida por EU y criticó en un ensayo antes de su elección el integrismo del mercado estadounidense. El primer ministro de Japón quiere modificar las décadas de dependencia, rayando en el sometimiento de la política exterior de Japón a EU, su aliado en materia de seguridad, y aspira en el futuro a una relación entre iguales con Washington.
Para Hatoyama, la seguridad no es solo una cuestión militar. Considera que entre sus tareas de seguridad más importantes figuran la lucha contra el cambio climático, así como la estabilidad de los mercados financieros.
Ambos mandatarios, que llevan las riendas de las dos mayores potencias económicas del mundo y que mostraron en Tokio armonía y concordia, hablaron de objetivos lejanos, como un mundo sin armas nucleares y de una reducción del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2050 en ambos países.
No hubo, sin embargo, acuerdos concretos a mediano plazo o decisiones que puedan reflejarse en su política diaria. Tampoco hubo sorpresas que, además, ninguna de las partes esperaba.