Percepciones especiales

Hace rato, en Grey’s Anatomy, Mary McDonnell interpretó a una cardiocirujana que sufría del síndrome de Asperger, que “se atacó” porque se “saltaron” un protocolo médico, lo que obligó a que (a regañadientes) las doctoras Bailey y Yang la abrazaran, o más bien, apretaran hasta pasar el patatús.

Pues, este “procedimiento”, llamado “masaje de presión intensa” (o algo semejante), lo perfeccionó la doctora (en la vida real) Temple Gradin, autista “altamente funcional” (¡construyó una máquina estrujadora para aliviar los ataques!), quien, resulta ser, escribió un libro que me fascinó sobre la similitud entre el proceso cognitivo de un autista y el de un animal: Animals in translation (Interpretar a los animales).

Y es que los autistas pueden llegar a superar muchos de sus problemas a medida que van creciendo, siempre y cuando estén dentro de un ambiente conducente a ello, y otros factores que desconozco.

Hoy estamos conscientes del autismo y demás trastornos del desarrollo, pero su cognición tuvo un inicio cruento.

Autismus, del nuevo latín, se deriva del griego autós = uno mismo, la persona, y para Eugen Bleuer, el psiquiatra suizo que lo acuñó en 1910, infería una “autoadmiración morbosa”, un “asilamiento del paciente hacia sus fantasías, contra el que cualquiera influencia externa se convierte en intolerable intrusión”.

La primera referencia escrita del autismo se adscribe a Martín Lutero (siglo XVI). Dícese que el reformista, al toparse con un pelao (12 añitos) autista, lo declara poseído por el diablo, y sugiere que lo ahoguen.

Pero volviendo al mundo moderno, donde ya no se hacen barbaridades semejantes (excepto pontificar que usar condón es pecado), el libro de Gradin, junto con otro: Pensar con imágenes: Mi vida con el autismo están disponibles en español. Busque en internet.

Oliver Sacks es otro científico muy prominente en el estudio de condiciones similares como, por ejemplo, el síndrome de Tourette, que se caracteriza por una superabundancia de “tics” motrices o físicos, o verbales –uno de los clásicos es soltar una retahíla de palabras sucias involuntariamente (a muchos panameños se les podría considerar afectados, aunque la boca de cloaca sea totalmente consciente y voluntaria, vamos)– o sea, adeptos a la coprolalia, copropraxia y coprografía (del griego kopros = feces, y lalia = hablar, praxia = hacer y graphia = dibujar obscenidades, respectivamente).

Sacks es autor de innumerables libros, entre ellos Awakenings, sobre pacientes de encefalitis letárgica, que fuese llevado a la pantalla con Robin Williams y Robert de Niro.

Así que ya saben: no preocuparse por los dedos erguidos, las boquitas marranas ni las groserías que para nuestro crisol de pueblo son naturales.

Ahora, los políticos autistas, eso ya es otra cosa.


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