Las recientes operaciones protagonizadas por comandos especiales franceses y estadounidenses contra dos grupos de piratas somalíes han concluido en ambos casos con la muerte de la mayoría de los delincuentes y desgraciadamente también, en el caso francés, de uno de los rehenes.
Pero tanto en uno como en otro episodio, la liberación se hizo con el apoyo y el permiso de las más altas autoridades de ambos países en una prueba de que la etapa de la negociación y el canje se ha terminado, algo que probablemente incluso los aspirantes al corso y al crimen conocerán cuando se sepa en tierra.
Hasta ahora algunos países, entre ellos España, habían preferido pagar el rescate solicitado a correr el riesgo de liberar a los rehenes.
Obviamente ciertas opiniones públicas –entre estas las acomodaticia y lanar opinión pública española– consideran que la vida de una persona o varias tiene un precio y el mismo debe pagarse para evitar muertes y promover así la amenaza y el chantaje.
Probablemente la era de los secuestros pagados por las víctimas se ha terminado tras los dos ejemplos, francés y norteamericano, que contaban tanto con el apoyo de las autoridades como con la aprobación de la opinión pública. Porque en efecto, no es lo mismo liberar a un atunero español pagando por el chantaje que responder con fuerza y sin escrúpulos mayores a la verdadera fiereza de estos bárbaros.
Aunque no cabe promover este tipo de soluciones sin riesgo, pareciera indudable que la gota que ha hecho rebosar el vaso de la tolerancia por parte de las grandes potencias u organizaciones internacionales ha caído ya y tendrá consecuencias.
No sería de extrañar, en efecto, que la coalición de países occidentales que poseen barcos detenidos o que han sido víctimas de esta clase de brutalidades decida cortar por la raíz estas fechorías, dado que todo el mundo sabe dónde están en tierra los piratas, puesto que se conocen los clanes y las tribus dedicadas en exclusiva a estas actividades: en la región de Puntlandia, en el occidente de Somalia.
En el pasado ya hubo, por sugerencia de Naciones Unidas, una incursión a dicho país de una coalición internacional. Al final, las tropas norteamericanas se retiraron de aquel infierno y dieron por concluida su presencia en este territorio sin Estado ni leyes que es hoy Somalia.
Tal vez ha llegado el momento de acabar en tierra con los piratas de Puntlandia y evitar así las expediciones de estos grupos criminales.
De todos modos, y desde la óptica española, lo que franceses y americanos han hecho constituye un ejemplo que algunos países como España deberían evitar. Si el Gobierno español cree que destacando simplemente una fragata a aquella aguas ya está cumpliendo con su deber internacional, se equivoca completamente. Además de amenazar se trata también de cumplir las amenazas y no ceder un milímetro en asunto tan delicado.