Ahora, muchos dirán que el país está en estado de abatimiento, sin embargo, no es exactamente así. Los estudios de opinión que maneja José Juan Toharia apuntan a un proceso psicológico algo más complejo y, eso sí, un preocupante desapego ciudadano de los políticos y sus maneras.
¿Cómo se sienten los españoles ante la crisis? ¿Hay tensión? Nuestros estudios no indican tensión social, pero es más complicado, porque las encuestas de opinión manifiestan eso, opiniones, no desvelan las pulsiones profundas. En todo caso, nuestros resultados están siendo un tanto desconcertantes.
¿Por qué desconcertantes? Verá, entre el 75% y el 80% de los encuestados cree que la situación es muy mala, y un 80% cree que falta mucho para tocar fondo. Esto parece indicar que un tono general de pesimismo ha cundido. Sin embargo, cuando las preguntas no son sobre la situación, sino sobre la vida particular del encuestado, un 83% está satisfecho con la vida que lleva y un porcentaje muy similar dice encarar el futuro con optimismo.
Es más, un tercio de los encuestados dice estar muy ilusionado con un proyecto o idea. Más del 50% dice que la crisis no le afecta, y de los que han reducido sus gastos, el 60% asegura que es por prevenir. De algún modo, la crisis aún no se ha hecho sentir. En parte porque tras 14 años de crecimiento, este país no es el de 1994, existe un nivel de prestaciones sociales que no existía.
Decía usted que si la crisis era larga y profunda habría consecuencias serias en el clima social. Pues oiga, parece que va a ser profunda y larga.
Pero no sabemos cuánto va a durar... y por qué habríamos de creer los vaticinios sobre la duración de la crisis de los mismos augures que no supieron advertir de que venía.
Nadie sabía lo que se avecinaba. Bueno, sí, sí que había quien lo sabía. En el 2007, el 60% de los empresarios decía que no creía en el vaticinio de dos años de crecimiento sostenido que había hecho el presidente Zapatero.
Hay quienes han salido beneficiados. Los que tenemos empleo hemos conseguido un diferencial de mejora, por la caída de precios, lo que permite un mejor nivel de consumo.
Salvo por el endurecimiento de las condiciones de crédito. Sí, resulta que no hay crédito, y esto es muy grave para los empresarios, porque dependen de créditos para tirar, y esto puede provocar riesgos en cadena. Pero la causa de esta ausencia de crédito es el grado de endeudamiento de los bancos españoles en el extranjero: nuestra banca está endeudada fuera.
Y hay otra parte de la sociedad que es la que más sufre la crisis, los que, paradójicamente, en toda su vida laboral no habían conocido una crisis.
La generación de la precariedad. Que ha descansado todos estos años en una cobertura social fuerte, basada en que los jóvenes no se emancipaban y mantenían un alto nivel de vida con sus ingresos por escasos que fueran.
Para irse, comparten piso o se emancipan para vivir en pareja.
Claro, también han cambiado las expectativas. Ya no son situarte, como antaño, que sabías que si entrabas en una empresa potente, tenías resuelta la vida. Eso ha desaparecido. En cierta medida, es positivo. En todo caso, esa es una de las carencias de nuestros políticos y economistas: no consideran el factor demográfico, es necesaria una mentalización y se echa en falta un mayor realismo demográfico.
¿Es la principal falta de nuestros políticos en esta tesitura?
No hay liderazgo, esa es la carencia principal. Sí, ya me lo habían dicho. Es lo que representa Obama. Eso también.
Habla claro, es un optimista desaforado, inteligente, razonable y respetuoso. ¿Respetuoso es un activo político? Los buenos modales son muy importantes. Es lo que más separa a los españoles de los políticos. Precisamente ese es el gran activo del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Es un líder que no insulta, de ahí su tremenda popularidad. No descalifica. Fernando de los Ríos, que fue ministro de Justicia en 1931, dijo que en España lo revolucionario es el respeto. Nunca insultó a nadie.