Ni Estados Unidos ni Israel quieren un Irán armado con la bomba nuclear. Pero ambos países difieren sobre cómo evitarlo.
Israel agita la amenaza de un ataque a las centrales nucleares iraníes. Estados Unidos excluye la opción militar.
El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, emplazó a Irán a dialogar sobre el programa nuclear antes de septiembre. La oferta, insistió, no es ilimitada en el tiempo. Si no, Estados Unidos promoverá más sanciones internacionales. Su homólogo israelí, Ehud Barak, dijo: Creemos claramente que no hay que excluir ninguna opción.
La perspectiva de un Irán nuclear ha dividido a la administración Obama y el gobierno de Benjamín Netanyahu en Israel. Después de ocho años en los que el presidente George W. Bush apoyó casi sin condiciones a los gobiernos israelíes, la administración Obama ha impuesto un giro a su política en Oriente Medio.
La retórica belicista —ya muy atenuada en los últimos compases de la Administración Bush— ha dado paso a la diplomacia. Incluso tras las protestas y la represión postelectoral en Irán, hace un mes, el presidente Barack Obama ha seguido tendiendo la mano al régimen teocrático.
La visita de Robert Gates y otros emisarios de Obama a Israel debía servir para calmar los ánimos entre Estados Unidos e Israel, y buscar un mínimo común denominador que permita mantener abierta la vía del diálogo. El Gobierno israelí ve con escepticismo los intentos diplomáticos de Washington.
El G-8, a principios de julio, fijó septiembre como ultimátum para dialogar. Si Irán rechazase el diálogo, y prosiguiese con el enriquecimiento de uranio para fabricar el arma nuclear, la ONU podría endurecer las sanciones.
Y si Irán sigue sin ceder? Aquí llegan las divergencias. Ayer, tras reunirse con Gates, Barak insistió en la opción militar. Estados Unidos, oficialmente, no descarta ninguna opción. El vicepresidente Joe Biden ha recordado que Israel es un estado soberano que, por tanto, tiene derecho a defenderse de cualquier amenaza.
Pero la Casa Blanca ha dejado claro que no bendecirá un ataque israelí. El almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor, ha dicho que una ataque preventivo sería profundamente desestabilizador para la región.
La semana pasada, en una comparecencia ante la comisión de Exteriores de la Cámara de Representantes, la experta Suzanne Maloney, del laboratorio de ideas Brookings Institution, dijo que la acción militar es la peor de las alternativas.
Maloney, en sintonía con la posición de la administración Obama, advirtió de que esta opción perjudicaría los intereses de Estados Unidos en toda la región y probablemente reforzaría, en vez de hacerlas descarrilar, las ambiciones nucleares de Irán.
Irán sostiene que el programa nuclear es para uso civil. Israel considera que Irán —un país cuyo presidente, Mahmud Ahmadineyad, ha expresado su deseo de ver desaparecer Israel— representa una amenaza para su supervivencia. La semana pasada, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, sugirió la construcción de un paraguas defensivo para proteger a los países de Oriente Medio de un Irán nuclear. Algunos, en Israel, entendieron que Estados Unidos se ha resignado a que el régimen iraní obtenga la bomba, y ya se preparan para este caso. La Casa Blanca matizó después las palabras de la secretaria de Estado, y algunos columnistas vieron otro ejemplo de las disensiones entre Clinton y Obama, rivales el año pasado.