[ANIVERSARIO DE LA VICTORIA SOBRE EL NAZIFASCISMO]

‘Prohibido olvidar’

Para todos los rusos, el 9 de mayo de 1945, la fecha de la victoria contra el fascismo es sagrada y aquella guerra para siempre entró en la historia rusa como la gran guerra patria.

En este año en muchos países del mundo conmemoran el 65 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento que verdaderamente formó la época contemporánea.

Esta tragedia sin parangón en la historia dejó enseñanzas importantes que no deben ser olvidadas por las generaciones presentes, ya que según dijo un destacado filósofo español: “el que olvida su pasado está condenado a repetirlo”.

La guerra causó dolor y sufrimientos innumerables a los pueblos de Europa y de todo el mundo; segó 50 millones de vidas, de las cuales 27 millones eran de ciudadanos soviéticos: 8.5 millones cayeron en batalla; 2.5 millones murieron por las heridas; 3.9 millones perecieron en los campos de concentración nazi.

El resto de las víctimas fueron civiles. Las duras pruebas que habían debido afrontar los pueblos de la Unión Soviética revelaron la grandeza del espíritu humano, numerosos ejemplos de hazaña personal y verdadero patriotismo. Hasta ahora, pasados los 65 años, es difícil que en nuestro país se halle una familia no afectada por las llamas de la guerra. Por eso para todos los rusos, el 9 de mayo de 1945, la fecha de la victoria contra el fascismo es sagrada y aquella guerra para siempre entró en la historia rusa como la gran guerra patria.

En las primeras semanas de invasión nazi el ejército soviético sufrió enormes pérdidas. La causa de esto radicaba no solo en lo inesperado del ataque fascista, sino también en su superioridad ante el Ejército Rojo. Alemania contaba con el potencial económico e industrial de toda Europa Occidental. Con su marcha victoriosa el Wermacht pasó por Europa: Dinamarca se defendió solo un día; Bélgica resistió 19 días; Francia 44, Noruega, dos meses. Solamente en el frente ruso la situación cambió. Según los recuerdos de un oficial alemán, “Aquí encontramos solo resistencia, siempre la resistencia, por desesperada que fuera”.

En 1941 la batalla cerca de Moscú acabó con el mito de la “invencibilidad” del ejército nazi –“el más fuerte del mundo”. Otra batalla, la de Stalingrado que duró 200 días y noches constituyó el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial. Al fin, en Stalingrado no quedó ni un edificio en pie, pero los rusos no rindieron la ciudad. En julio de 1943, cerca de Kursk, se dio la batalla de tanques más grande de la historia mundial, verdaderamente épica por su envergadura, en la que participaron de ambos lados 4 millones de combatientes, y se usaron 70 mil piezas de artillería, 13 mil tanques, 12 mil aviones de combate.

Después, entre 1943 y 1945 se produjeron muchos otros combates encarnizados, pero el lomo de la máquina militar del Reich fue quebrado justamente en Stalingrado y Kursk. La apertura en 1944 del segundo frente con la entrada en la guerra de Gran Bretaña y Estados Unidos permitió acercar la derrota de los hitlerianos. Sin embargo, fue en el frente ruso donde las tropas nazis sufrieron sus pérdidas principales: el 70% de los efectivos y el 75% de todo el material bélico, tanques, cañones y aviones.

Lamentablemente, en los últimos años unos políticos occidentales hacen tentativas de menguar el papel de la URSS en la victoria sobre el fascismo y someter a la revisión en favor de la coyuntura política los resultados de la Segunda Guerra Mundial fijados en la Carta de la ONU y otros documentos legales internacionales.

Estas tentativas no se pueden explicar de la manera que no sea por la falta de deseo de reconocer la grandeza y la superioridad moral de los pueblos de la Unión Soviética, los cuales, a precio de víctimas inmensas y destrucción de sus ciudades, salvaron del exterminio millones de vidas de otros pueblos y garantizaron la conservación de la mayor parte del patrimonio cultural de la civilización europea.

Estas tentativas están basadas en aspiración a trazar nuevas líneas divisorias por el estilo de la “guerra fría”. Tal enfoque destructivo nos desvía de las lecciones principales de la guerra: la paz es indivisible al igual que la seguridad. Es imposible garantizar su propia seguridad a cuenta de los demás. Las ambiciones de dominación mundial es suelo fértil para amenazas.

Apreciamos altamente la experiencia de hermandad de armas de la coalición antihitleriana, la que integraban, además de la URSS, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y muchos otros países, entre ellos latinoamericanos, inclusive Panamá. Asimismo consideramos importante que todos los Estados que se enfrentaron en la guerra tan encarnizada han llegado a la reconciliación y hoy día trabajamos juntos para construir el mundo más seguro. Eso da confianza en que los países unidos por la buena voluntad y que cooperan respetando los intereses de los demás son capaces de contrarrestar cualquier desafío que actualmente encare la humanidad, ya sea la xenofobia, el terrorismo, el trafico de drogas, la delincuencia organizada u otras.


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