Una gran interrogante se cierne sobre la Copa del Mundo que no se resolverá dentro de una cancha y es la siguiente: ¿Puede el torneo de fútbol cerrar las brechas raciales 16 años después del final del apartheid? La respuesta corta es que no.
Los sudafricanos han estado inmersos en un frenesí patriótico en las últimas semanas. Su punto máximo se vio el miércoles en una fiesta extraordinaria con el estridente sonido de las vuvuzelas en Johannesburgo, donde muchas personas en la multitud no ocultaban sus lágrimas.
“Mira esta multitud. Esto tiene que ver con la reconciliación”, dijo Simon Muthelo. Sus sentimientos encontraron eco en decenas de llamadas teléfónicas de orgullosos sudafricanos a programas de radio.
El presidente sudafricano, Jacob Zuma, y el jefe del comité organizador local, Danny Jordaan, el gran visionario que trajo el torneo a este país, han dicho que la Copa del Mundo es comparable o incluso más importante que las elecciones de 1994, que pusieron fin al apartheid. A muchos le gusta creer que el puntapié inicial de ayer viernes en el enorme estadio Soccer City y el mes que dura el torneo será un tiempo que superará el momento inolvidable vivido en 1995, cuando Nelson Mandela llevaba puesta una camiseta de los Springboks” para presentar el Mundial de rugby en Sudáfrica. Con esta imagen, Mandela se ganó el corazón de los blancos amantes del rubgy en un momento en que la guerra civil seguía siendo una amenaza en el país.
La fiebre reciente de reconciliación racial se aceleró el mes pasado, cuando miles de afrikaners aficionados al rugby llegaron a Soweto, el corazón histórico de la lucha contra el apartheid, para la final del torneo Super 14.
Pero pese a la euforia por el éxito de Sudáfrica en la organización del Mundial, los realistas dicen que las profundas tensiones raciales no pueden ser disueltas por el espectacular torneo de fútbol. “En Sudáfrica hemos tenido una historia de conflictos raciales de 350 años y solo un gobierno democrático desde hace 16. Esto no es un proceso que ocurre de un día para el otro. Es un proceso largo”, dijo Marius Roodt, del Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales.
Los analistas dicen que solo con grandes cambios sociales estructurales y económicos finalmente se construirá en la “Nación del Arco Iris” una realidad armoniosa y permanente. Para Gareth Mewham, del Instituto de Estudios de Seguridad, el impacto de la Copa del Mundo sería más duradero que en 1995, sin embargo, los graves problemas sociales no desaparecerán de un día para el otro.
“Definitivamente va a unir a las razas un poco más rápido de lo que hubiera sucedido sin la Copa del Mundo, pero no vamos a estar viviendo en un paraíso sin distinciones raciales después del 11 de julio”, opinó Roodt.