BUENA EDUCACIÓN

Reflexión previa a la Navidad: Robin Rovira Cedeño

Decía un ministro religioso que una persona no va a dejar de drogarse porque la droga le haga daño. Que una persona no va a dejar de tomar licor o no va a dejar de fumar porque el licor o el cigarrillo le hagan daño. Pero si esa persona desarrolla amor hacia Dios, esa persona, entonces, dejará de drogarse por amor a Dios. Dejará de tomar licor o fumar por amor a Dios. De igual manera, hay algunas cosas que como país no dejaremos de seguir haciendo o no dejaremos de seguir diciendo porque nos hagan daño. Pero si desarrollamos amor hacia el niño de Belén, entonces dejaremos de seguir haciéndolas o diciéndolas por amor a él.

Una cosa es la educación y otra la preparación. Podemos ser un país muy preparado; pero distamos, todavía, de ser un país educado. La educación tiene forma y fondo. Es decir, implica no solo preparación académica, sino también ética en la aplicación de ese conocimiento. Leí la historia de un hombre egresado de una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos: Harvard. Este hombre heredó de su padre una enorme fortuna, pero con el tiempo despilfarró todo el dinero y lo metieron en la cárcel por robo. ¿Cómo una persona egresada de tan prestigiosa universidad pudo tener una vida así? “La calidad no es una tecnología, es una forma de vivir”. Como país hemos avanzado mucho en preparación, conocimiento o tecnología, pero, ¿cuánto hemos avanzado en nuestra forma de vivir como familias? A veces no me atrevo a comentar algunas cosas, porque casi todo lo que uno diga o haga se corre el riesgo de que se vea en función de la política, no en función de que uno quiera lo mejor para el país. Esta manera de ver casi todo a la luz de la política puede estar sentando las bases de nuestra destrucción como familia panameña.

Para terminar diré que nos preocupamos tanto por los regalos de Navidad para nuestros seres queridos que olvidamos el regalo al ser más querido y que, de hecho, es el protagonista principal de la Navidad: el niño Jesús. ¿Hemos pensado, acaso, qué regalo le daremos al niño Jesús en el día de su nacimiento? Escuché a una mujer decir que “los hijos son la herencia de los pobres”. Pienso que como nación tercermundista que somos, todavía, el regalo más preciado por el niño Jesús de parte de nosotros sería que le consagráramos nuestros hijos para ser instrumentos del bien. Lo digo recordando, también, las palabras de Thomas Jefferson, cuando en su lecho de muerte dijo: “A Dios entrego mi espíritu y a mi patria entrego a mi hija”. No esperemos estar en nuestro lecho de muerte para pensar en entregar nuestras vidas y nuestros hijos a Dios como instrumentos del bien. Hay mucho en lo futuro de nuestro país que depende de esto, sino vea o escuche lo que está pasando en otros países.

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