[SIN IDILIO]

Reino Unido contra Berlusconi

Berlusconi no hace ni pizca de gracia en el Reino Unido. Ni al Foreign Office ni a la prensa de todas las ideologías ni a la derecha ni a la izquierda ni al centro. Ni a los intelectuales de Hampstead ni a las clases medias de Milton Keynes ni a a la aristocracia rural de Kent. No entienden el idilio de la mayoría de italianos con il Cavaliere, y preocupan su autoritarismo, el control casi absoluto de los medios y la eliminación de los controles al poder ejecutivo que son la esencia de la democracia.

Los británicos tienen una historia de amor con Italia. Muchos viven en la Toscana —a la que popularmente se refieren como Chiantishire—, y ser propietario de una villa en Montepulciano o Cortona es la esencia del british dream.

Pero aunque los entresijos de la política italiana no les afecten más que de una manera indirecta, quince años de berlusconismo han propinado una dentellada a la imagen del país en el Reino Unido, y provocado una reacción contra los excesos del Primer Ministro como en ningún otro país de la Unión Europea.

La prensa británica condena a Berlusconi por su actuación tanto personal como política, lo que causa tensión entre el Foreign Office y el Ministerio de Asuntos Exteriores en Roma. Durante la reciente cumbre del G-8 en L’Aquila, Gordon Brown redujo al mínimo el contacto con su colega para no resultar contaminado de cara a su opinión pública.

Uno pensaría que las últimas revelaciones serían suficientes para poner fin a su carrera —escribe Tobias Jones para el Telegraph—, pero Italia no es un país normal y Berlusconi no es un político normal, que tiene razón cuando presume de que a sus compatriotas les gusta como es.

La mayoría de italianos llevan un mini Silvio dentro de ellos, quisieran parecerse a él, tener su propio equipo de fútbol, todo el dinero del mundo y las mujeres más guapas a pesar de la edad.

La fórmula Berlusconi no funcionaría en el Reino Unido, que no es ajeno a las corruptelas (como el reciente escándalo de los gastos parlamentarios o el abuso de poder por parte de Tony Blair para tapar la investigación de sobornos pagados por los saudíes en los negocios de compra de armas), pero tiene una tradición democrática respetuosa con la separación de poderes y la independencia de los medios de comunicación.

El cuasi monopolio televisivo de Berlusconi sería ilegal, y las presiones sobre jueces y periodistas, impensables.


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