Restaurante Miramar

Restaurante Miramar
El Restaurante Miramar está ubicado en el quinto piso del Hotel Miramar Intercontinental. La vista de la marina, con la bahía de trasfondo, es insuperable.

Lo único que me podría hacer detestar más la cafetería del Hotel Miramar sería que estuviera en uno de los sitios absolutamente espantasmagóricos que tuve ocasión de visitar en mi "vida anterior", aquella donde montaba avionetitas precarias y me iba saltando de isla en isla, por cuestiones de trabajo. ¿Qué el Caribe es romántico? Ja.

Pero así como detesto la cafetería (y no solo la del Miramar, las cafeterías de hotel en general me traen recuerdos tan ingratos que me broto), me gusta el epónimo restaurante formal del hotel. Otras personas buscan el bullicio cuando salen a comer, peo hay quienes apreciamos la paz que da un restaurante poco frecuentado, donde te puedes ir a sentar acompañada y estás bien, pero si estás sola, nadie te mira feo. Y tú, no tienes que mirar feo a nadie, porque en este caso, tienes una de las mejores vistas de la ciudad.

El restaurante queda en el quinto piso; al igual que la mayoría del hotel, el ambiente está bien realizado, y las mesas situadas con suficiente espacio entre ellas para que los comensales puedan disfrutar de una velada íntima y romántica; como ya dije, la vista de la marina del hotel, con la bahía de trasfondo, es insuperable. Pero lo mejor es que, tras los ventanales panorámicos, ¡se está a salvo de los asaltos olfatorios de la bahía! El servicio es discreto y bastante eficiente.

Desde la primera vez que reseñé el restaurante, hace tres años, ha cambiado el menú. Me imagino que también ha cambiado el chef, porque si bien antes el menú del 5º. piso era preciosista, seguía una línea consistente: el menú entero era esnobista. Ahora, han decidido cambiar la fórmula, ajustándose a los tiempos y gustos: precios más bajos y platos más pedestres. Lo que está bien, vamos, excepto que tratan de hacer un menú en que estelaricen los mariscos, pero en realidad da la impresión de que va manga por hombro, como aquello de la definición de un camello que dice que “es un caballo ensamblado por un comité”. Pues igualito. Hay verso, perla, pluma y flor.

Comenzamos pidiendo un carpaccio de pescado, que llegó congelado. Se lo llevaron de vuelta y tras ponerlo tras la lámpara caliente, regresó un triz demasiado tibio para mi gusto, pero RDT estaba fascinada con él. Venía con un poquitín de pesto bien diluido en aceite de oliva, y tras echarle un poquito de sal y pimienta, se dejó comer muy bien. Pedimos otras dos entradas: unos mejillones “Rockefeller”, como las famosas ostras del magnate, que traían una camita de espinacas entre concha y molusco, y venían ligeramente gratinadas. El menú indicaba que traerían salsa holandesa (o bernesa, francamente ya no recuerdo) pero de eso nada, monada. En vez, traía un poco de mantequilla derretida en el plato, que me imagino que en una época fue bernesa (u holandesa). Pero eso sí, sabrosísimos.

También nos pareció regio el plato de langostinos empanizados en coco (natural, no del dulce de paquete) con una salsa de frutas, agridulzona, que le cayó al tiro. Además, eran cinco langostinos enormes: excelente relación costo-calidad.

De platos fuertes, RDT pidió un mixto de mariscos en salsa blanca, que contenía calamares, conchuelas, pescado, mejillones, camarones y almejas, en una rica —ma non troppo— salsa blanca con vino, un toque de paprika y cebolla y pimentón finamente picados, con un leve gratinado encima. En realidad, es uno de esos platos ricos, reconfortantes, que se comen en silencio, y que te da algo de vergüenza aceptar que amas, por no ser "sofisticado". Mi elección, un salmón a la plancha, ennegrecido, estuvo más o menos bien. Más, porque no lo sobrecocinaron. Menos, porque la mezcla de especias con que lo ennegrecen, no estaba muy pareja, dejándolo a ratos demasiado salado, a ratos no.

De postre compartimos un pie de pacanas, que me sorprendió, porque la masa estaba exquisita, cosa difícil de encontrar en la repostería comercial, donde pueden fallar mil cosas. Pero este estaba como Dios manda, firme pero que se desmoronaba ante el tenedor, con un toquecito de dulce que no abrumaba. Cuando pedimos el vino, no tenían los que indicaba la carta, pero tiene un surtido decente a precios razonables. Dixit.

Presupuesto: $$$ Dirección: 5to piso del Hotel Miramar Intercontinental, Avenida Balboa Horario: De 6:00 p.m a 10:30 p.m. de lunes a sábado Teléfono: 214-1000 Acceso a discapacitados: sí Aceptan: Todas las tarjetas de crédito. No aceptan tarjeta CLAVE. Recomendamos: Mejillones Rockefeller ($8.00), pecan pie ($4.00) Buena relación costo-calidad: Mixto de *mariscos al gratin ($12.00), Langostinos al coco ($8.00)

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