Todo parece indicar que el presidente Obama tomó una decisión inspirada al elegir a la jueza Sonia Sotomayor para la Suprema Corte. Ella cuenta con un impresionante historial judicial, estelares antecedentes académicos y una intensa vida personal. Sotomayor también sería una figura innovadora siguiendo el molde de Thurgood Marshall, convirtiéndose en la primera integrante de la considerable población hispana, que si bien aún va en aumento sigue sin la representación suficiente, en servir en dicha corte.
Con base en lo que sabemos ahora, el Senado debería confirmarla para que así pueda integrarse a la corte cuando dé comienzo a su nuevo mandato, en octubre.
Es imposible no sentirse conmovido ante la historia personal de Sotomayor, nacida en el Bronx de padres puertorriqueños y criada en una unidad habitacional de la ciudad. Le diagnosticaron diabetes infantil, y su padre, obrero en una fábrica, murió cuando ella tenía nueve años de edad, dejando a su madre, una enfermera, la tarea de educarla tanto a ella como a su hermano. Sotomayor estudió en Princeton, de donde se graduó con honores summa cum laude, y en la Facultad de Derecho de Yale, donde fue una de las editoras de una publicación de temas legales.
Su experiencia en la jurisprudencia es impresionante y muy diversa. Pasó cinco años como fiscal en la Procuraduría de distrito de Manhattan y fue socia de un bufete de litigios. Ha sido jueza federal durante 16 años, sirviendo tanto en una corte de distrito, donde presidió sobre juicios, como en una corte de apelaciones. Como integrante del Segundo Circuito de Cortes de Apelación de Nueva York, ella es conocida por su inteligencia, por estar sumamente bien preparada y por su profundo compromiso.
En sus dictámenes, Sotomayor ha desplegado repetidamente la empatía que Obama ha dicho que busca en un magistrado. Ella ha escuchado con atención y con frecuencia fallado a favor de personas que han sido discriminadas, así como acusados y otros grupos que reciben cada vez menos clemencia en las cortes federales. Ella ha demostrado muy poca paciencia hacia el tipo de impedimentos procesales que jueces conservadores usan para cerrar las puertas del juzgado a personas cuyos derechos han sido violados.
Activistas conservadores ya empezaron a intentar transmitir una imagen de Sotomayor como una ideóloga liberal, pero sus decisiones razonadas y fundamentadas en hechos indican lo contrario. En muchas formas, su enfoque sobre las leyes es similar al del magistrado David Souter, cuyo puesto ella tomaría.
El Senado tendrá que escrutar con cuidado el registro de Sotomayor tanto dentro como fuera del estrado, como debe hacerlo en el caso de cualquiera que busque sumarse a la máxima corte. Si no aparecen grandes sorpresas, no es claro que los republicanos en el Senado vayan a destinar gran esfuerzo intentando obstruir esta nominación. Aparte de sus cualidades y aptitudes, ellos pudieran decidir que en vista de su deseo de ganarse a los electores hispanos y sus escasas probabilidades de ganar una batalla de confirmación, dada la gran mayoría de los demócratas en el Senado no merece la pena la pelea.
Si Sotomayor se une a la Corte, será un punto de orgullo especial para los hispano-estadounidenses; como lo fue para judíos, negros y mujeres antes de ellos al ver a uno de los suyos asumiendo un lugar en el máximo tribunal del país. Esto también llevará nuevamente el ínfimo número de magistradas a dos. Y como indudablemente han calculado estrategas del Partido Demócrata, la selección podría darle a Obama y su partido un impulso en un grupo de electores de importancia crucial.