La muchedumbre que saludó a la líder por la democracia Aung San Suu Kyi el pasado fin de semana en Myanmar confirmó que su popularidad sigue intacta. Pero, a medida que regresa al remolino del combate político, enfrenta difíciles realidades que limitarán su capacidad para traducir esa popularidad en un cambio fundamental.
Aung San Suu Kyi está asumiendo un tono conciliador, diciendo que no abriga resentimiento hacia sus ex carceleros e insinuando que pudiera apoyar el relajamiento de sanciones internacionales en contra del gobierno militar en Myanmar, antes Birmania.
“Si la gente realmente quiere que se levanten las sanciones, yo voy a considerarlo”, dijo. “Este es el momento en que Birmania necesita ayuda”.
Después de más de siete años de aislamiento en su villa junto a un lago, Aung San Suu Kyi se siente abrumada tanto por suplicantes como por partidarios que buscan su oído. “Sé que dije que quería oír lo que piensa la opinión popular”, dijo, durante un mitin, quizá solamente medio en broma. “Pero, ahora que hay tantas voces y tanto ruido, ya no sé qué se está diciendo”.
En las semanas próximas enfrentará difíciles decisiones con respecto a unirse a la oposición, las exigencias de grupos armados de etnias minoritarias, el tipo de movimiento que ella espera moldear y el grado hasta el cual opte por desafiar al gobierno.
Además, debe asimilar nuevas realidades que incluyen la creciente influencia de China, la dispersión de la riqueza entre negocios bien relacionados y el surgimiento de nuevas instituciones y nuevos participantes políticos como resultado de elecciones parlamentarias, celebradas apenas seis días antes de su liberación. Por encima de todas estas inquietudes están los generales gobernantes, quienes, sin consideración a sus gestos o promesas, siguen determinados a no ceder el poder o permitir una sola apertura real a la democracia.
Una Constitución, aprobada el año pasado, crea un Parlamento con dos cámaras, 14 parlamentos regionales, un presidente, un gabinete y nuevas instituciones que le darán forma más compleja al mandato militar. Con la excepción de los integrantes de mayor rango en la junta militar, a todos les exigieron renunciar para que se postularan en pos de cargos públicos y civiles, siendo reemplazados por una generación más joven de oficiales cincuentones cuyas agendas personales podrían entrar en conflicto con las de oficiales de alto rango.
El mandato de Suu Kyi es precario, erigido puramente sobre el indicador de un aplausómetro, sin una base organizada o plataforma formal que la sustente. Su partido, la Liga Nacional por la Democracia, fue obligado a desbandarse luego de negarse a poner en duda las elecciones.
El martes pasado ella efectuó su primer viaje al centro de Yangón, para presentar documentos ante la Suprema Corte en los que solicita el restablecimiento de su partido, pero según analistas es improbable que el tribunal falle a su favor. Suu Kyi se ha andado con cuidado hasta ahora, y algunos analistas dijeron que no preveían que durara mucho el espíritu de compromiso. “Ella siempre ha tendido al enfrentamiento, cada vez que ha salido”, notó David I. Steinberg, catedrático de estudios asiáticos por la Facultad del Servicio Exterior en la Universidad Georgetown, en Washington.
Suu Kyi ha sido liberada dos veces antes, en 1995 y en 2002. La profusión de apoyo que recibió fue demasiado para los generales, y fue arrestada y obligada a regresar a la detención. Actualmente de 65 años de edad, ha estado bajo arresto domiciliario durante 15 de los últimos 21 años. Algunos se preguntan no sólo qué pudiera ser capaz de lograr ahora que ya fue liberada, sino por cuánto tiempo permanecerá libre. “Aquí no hablamos de una dictadura militar de tipo común”, destacó Bertil Lintner, el autor de siete libros sobre Myanmar. “Estos son militares que se han vuelto expertos en permanecer en el poder”. Quizá los generales vean esto como un momento de redefinición nacional, dentro de los límites que ellos fijan. “No creo que haya lugar para Aung San Suu Kyi en ese nuevo Estado que los militares han creado”, concluyó Lintner.