En general, los tratados de libre comercio (TLC) dan pie a fuertes pasiones; algunos se oponen vehementemente y otros lo ven como si fuesen en sí, un plan de desarrollo económico. Para algunos es sinónimo de globalización, para otros es un instrumento del imperialismo yanqui.
Ahora, no hay que confundir globalización y TLC. La globalización se refleja en el desarrollo de la nueva herramienta de comunicación que es la internet, la cual nos hace que tengamos el mundo al alcance de nuestros dedos. Esta herramienta puede ser positiva o negativa, dependiendo del uso que le demos. Esta puede ser utilizada para desarrollar los derechos humanos, consolidando alianzas, o puede ser utilizada para someter y explotar, como es el caso de la pornografía infantil.
Igualmente, los TLC pueden ser utilizados como instrumentos de dominación o como herramientas de desarrollo. El problema radica en que las negociaciones que se han dado con el coloso del norte, se han hecho a puertas cerradas, en donde las disposiciones muchas veces son desconocidas para la mayor parte de los agentes involucrados: consumidores, productores y el pueblo en general, en una relación de desigualdad, debido a cláusulas impositivas y leoninas, en donde ellos se garantizan una parte del mercado substancial, dado el desarrollo de su parque industrial y el mantenimiento de sus subsidios en el agro, sus sistemas de protección no arancelarios para sus productos (regulaciones sanitarias) y nuestros gobiernos han aceptado sin reparos sus propuestas, sin garantizar la seguridad y la protección de nuestros productores y de nuestro pueblo.
Esto es sumamente preocupante, sobre todo a la luz de los últimos acontecimientos en Estados Unidos, en donde hemos asistido a la crisis del E-coli, de la salmonela, que nos hizo constatar que el Food and Drug Administration(FDA), no cuenta con normas de calidad obligatorias, ni homogéneas a nivel federal, y no cuenta, tampoco, con suficiente personal, ni fondos para llevar a cabo el control necesario en su país, que se espera ahora en lo referente a las exportaciones, dado que nos hemos sometido completamente a sus disposiciones fito sanitarias.
Si en realidad queremos que el TLC sirva para el desarrollo humano y social de nuestros países, tenemos que prever medidas correctivas, para incrementar el impacto positivo y disminuir los inconvenientes y poder, así, tener un mejor aprovechamiento de sus ventajas, para lo cual es conveniente:
Crear modelos de indicadores econométricos o mecanismos de evaluación y control con perspectiva de genero, para analizar el impacto real, positivo o negativo, que un tal acuerdo puede tener dentro de la economía nacional. Esto nos permitiría tener un conocimiento objetivo de los diferentes sectores y detectar cuáles necesitan un mayor apoyo gubernamental.
Es indispensable contar con un sistema de información eficiente y actualizado que esté al alcance de todos los agentes y actores económicos, que contenga información pertinente y detallada en cuanto a: el listado de productos, según el análisis de competitividad comercial, las regulaciones y especificaciones correspondientes a los diferentes países y productos partes de los tratados y otros.
La adecuación de nuestra legislación para evitar las prácticas de comercio desleal, antimonopolísticas, y que permitan una real competitividad.
Disposiciones especiales que tomen en cuenta nuestra pequeña y mediana empresa, así como mecanismos que consoliden este sector que es el mayor generador de empleo y que puede verse mayormente afectado por todos estos cambios (implementación de créditos blandos, apoyo técnico, etc.).
La modernización del Estado: simplificación de los procesos, lucha contra la corrupción, seguridad y estabilidad jurídica, simplificación de las normativas existentes, y el buen funcionamiento de la administración de justicia.
Reforzar la formación de nuestro recurso humano, diversificando la enseñanza de nuestros jóvenes, creando estructuras de educación técnica superior y sistemas de formación empresarial.
Contar con un sistema generalizado de control de calidad de los productos, así como un sistema de normalización, metrología y procedimientos de autorización, con un sistema eficiente en cuanto a la aplicación de medidas sanitarias y fitosanitarias. (Sabemos que esta última ya es muy tarde para que se aplique).
Es responsabilidad y menester de cada uno de los Estados informar a todos los agentes y actores implicados y afectados por estos tratados, para que puedan hacer los cambios necesarios en sus respectivos sectores, para así poder tener una mejor competitividad comercial, sirviendo de elementos multiplicadores al desarrollo socioeconómico.
El TLC no es la varita mágica que nos sacará del subdesarrollo, sólo el compromiso de todos, la visión de los dirigentes del país, su compromiso con las grandes mayorías, nos permitirá salir adelante como nación.
Debemos siempre tener presente que esta no es sino una herramienta para el desarrollo humano y que solamente tomando en cuenta este principal objetivo, podremos poner en pie los correctivos que nos lleven a un desarrollo humano integral.