Miles de soldados han logrado contener la violencia del narcotráfico en la ciudad más sangrienta de México, pero la corrupción policiaca y las quejas por violaciones a derechos humanos podrían lesionar su éxito inicial. Los asesinatos relacionados con el narcotráfico han disminuido un 80% en Ciudad Juárez –que hace frontera con El Paso, Texas– desde que el presidente Felipe Calderón envió ahí a 10 mil soldados y policías federales a inicios de marzo, dice la Fiscalía estatal. Después de tomar el control de las fuerzas policiales de la ciudad, en una de las mayores operaciones de seguridad del país en años, los soldados ahora patrullan las calles y resguardan bancos y supermercados.
Pero con semejante presencia militar, las quejas de abusos a derechos humanos van en aumento y existen señales de que los sicarios del narcotráfico expulsados de la ciudad están llevando su cruenta batalla por el territorio al sur del país.
Los Zetas, brazo armado del cartel del Golfo, están tratando de tomar el control de las rutas del narcotráfico en el occidental estado de Jalisco, y asesinaron a un fiscal estatal este mes, según la policía. En Ciudad Juárez, la gente que vivía atemorizada de encontrar cuerpos decapitados por las calles, ha comenzado a salir de sus casas y la economía local comienza a dar signos de vida. “Ahí vamos mejorando, esto estaba caótico”, dijo Diana Castañeda, una mesera, en referencia a los mil 600 asesinatos del narcotráfico registrados en la ciudad el año pasado.
Otro acierto de la campaña del presidente Calderón contra el narcotráfico fue la captura en la Ciudad de México de un líder del cartel de Juárez, Vicente Carrillo Leyva, el 1 de abril.
Calderón, un conservador que asumió el cargo en diciembre de 2006, ha enfocado su mandato en combatir la violencia del narcotráfico que dejó 6 mil 300 muertos en 2008, y ha despertado preocupación en Washington. El presidente de EU, Barack Obama, visitará México este mes, y está enviando equipo de última generación y cientos de agentes adicionales a la frontera para combatir el tráfico de armas y dinero desde su país hacia suelo mexicano.
Pese a la drástica caída de los asesinatos, los habitantes de Ciudad Juárez temen que la violencia regrese si el número de soldados en las calles disminuye. Otros despliegues importantes de tropas en zonas con fuerte presencia del narco, como en Tijuana, han dado breves respiros en medio del caos, pero los asesinatos repuntan en cuanto los soldados son asignados a otros frentes.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha lanzado acusaciones contra soldados y policías federales señalando que apuntan torpemente contra mujeres y niños durante los cateos en domicilios y en los puntos de inspección. “Vi cómo en un retén, un (policía) federal le abrió la blusa a una mujer y se asomó por entre el sostén (para buscar droga) en plena vía publica, a la luz del día, delante de mil gentes, pero además rodeada totalmente por los soldados armados”, dijo Gustavo de la Rosa, representante de la CNDH en Ciudad Juárez.
En otros puntos de inspección, los soldados han detenido el tránsito para catear grupos de niños y a sus madres, dejando a muchos llorando, dijo De la Rosa. Policías federales y un portavoz del Ejército consultados por Reuters minimizaron los casos de abuso. “Hay compañeros que andan mal, pero son pocos, la mayoría de nosotros estamos dedicados a proteger a la ciudadanía”, dijo un policía federal. Pero vendedores de autos usados dijeron que la policía federal comenzó a practicar chantajes tras su llegada el mes pasado.
La arraigada corrupción policial es un gran problema para la guerra contra el narco, con algunos efectivos abiertamente trabajando para los carteles como sicarios.