SOCIEDAD

Tolerancia contra amor a la verdad: Abel Leonardo Guerra Ibarra

Cuando el pensador de origen polaco Zygmunt Bauman acuñó el término “líquido”, lo hizo para expresar las características propias que distinguen a la modernidad, desvinculadas en sus relaciones personales, producto de las nuevas tecnologías de la comunicación e información que nos hace más individualistas; el “amor” se hace egoísta, sin responsabilidad hacia el otro; la sociedad se vuelve cambiante, navegando en el mar de la incertidumbre, llevándonos a un estado de decadencia moral. Los hombres que pertenecen a esta “sociedad líquida” se debaten en el dilema de buscar la libertad, con miedo a las consecuencias de la misma, esto, producto del relajamiento de la verdad, so pretexto de libre pensamiento, que a la larga son meras opiniones (doxas) de una “moral de mortadela”, como diría Diego Domínguez Caballero, nos comemos la mortadela pero apartando lo que no nos gusta, en este caso la pimienta.

Digo todo esto, porque a diario podemos observar y escuchar en los medios de comunicación opiniones, encuestas, debates y juergas televisivas con temas aparentemente actuales y relevantes; se puede percibir la gran cantidad de discursos falaces y opiniones que a la postre se convierten en verdades irrefutables, sin ningún tipo de argumentos lógicos. Estas opiniones (doxas) por el poder de los mass media pasan a la mentalidad cultural de una sociedad necesitada de conocimiento (niños y jóvenes). Lamentablemente, como la religión, estos discursos sin rigor científico ni lógico pasan sin una reflexión acertada y esto trae como consecuencia una crisis profunda de racionalidad.

Esta decadencia de racionalidad nos lleva a un problema axiológico, valorar el amor a la verdad o promover la tolerancia como única forma de mantener un falso entendimiento.

Ante esta disyuntiva solo tenemos que fijarnos en las voces de las “minorías sociales” que cada día son más fuertes que las voces tradicionales de nuestra sociedad, fruto de un falso entendimiento y aceptación.

Por ejemplo, si hablamos de la discordancia contra los derechos de los homosexuales para adoptar o celebrar vínculos propios matrimoniales, nos espetan como homofóbicos; si creemos en el papel trascendental de las mujeres en el hogar somos machistas; si hablamos de las incoherencias de las diferentes creencias religiosas somos ateos.

Al final, no es opinar por opinar (doxa), hay que hacer un verdadero estudio (espíteme) de cada tema, es decir, pasar del mito al logos. Como diría Marco Tulio Cicerón: “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.

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