Trama básica y lineal

‘Puro mula’ tiene una trama tan predecible que en buena medida aburre. Es una comedia menor que se esfuerza, pero no llega a nada.

Trama básica y lineal
RECURSOS. Esta cinta contó con un presupuesto de apenas 8 mil dólares. CORTESÍA/BEST Picture System

La premisa de la película guatemalteca Puro mula, dirigida por el panameño Enrique Pérez, es de lo más básico y allí es cuando comienzan los altibajos de su calidad: Joel Fonseca es un joven adulto irresponsable al que le dan a cuidar a su sobrino de seis años y en un descuido lo pierde.

De allí en adelante pasa poco, salvo escenas de violencia gratuita, tan gratuito como es el lenguaje soez de sus personajes, que dicho sea de paso son tan clichés (el policía buena onda, la muchacha responsable, la madre neurótica) que carecen de intensidad humana.

También reitera su trama, sin necesidad, que Joel es un puro mula, expresión típicamente guatemalteca que designa a los holgazanes, vagos, torpes y otras flores nada aromáticas.

De antemano intuimos, que al ser una comedia de enredos, el niño va a aparecer al final sin ningún trauma porque no estamos ante un drama demoledor, y claro que el bueno para nada de su tío será castigado por su falta, pero sin caer en lo severo porque tampoco esto es Saw versión centroamericana.

O sea, no hay mayores riesgos argumentales en una historia desnutrida de creatividad y de arrojo. Por eso, al saber lo que pasará, y al caer en lugares comunes ausentes de atractivo, a uno le cuesta encontrarle una razón de ser a Puro mula más allá de que es lindo saber que lleva la firma de un istmeño, lo que tampoco debe dar pie para ser condescendiente con los resultados estéticos de esta producción solo porque la hizo un nacional.

Como el principio de que el chiquillo se pierde en una vecindad no da para mucho, a mitad de la película su tío lo encuentra y como todavía no se puede acabar la historia, porque es un forzado largometraje cuando a gritos pedía ser un cortometraje, se vuelve a perder la criatura y a volver a caminar por los mismos senderos ya pisados.

No dudo que hay momentos jocosos gracias a unos cuantos buenos chistes y es de admirar el carisma del actor Domingo Lemus, quien encarna al tío borracho y tonto, y hasta admito que el aire patético de casi todos los personajes provoca cierta hilaridad, pero no hay mucho más en Puro mula, que en términos generales aburre y en ocasiones irrita.

Por eso, mejor vaya a ver la película panameña El viento y el agua, que tendrá algunos aspectos estéticos por resolver, pero su contenido en contra de la pérdida de identidad siempre será algo interesante para reflexionar hoy y mañana.


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