Unión palestina, división europea: la reconciliación entre Al Fatah y Hamas, las dos facciones palestinas hasta ahora enfrentadas, encontrará una respuesta contradictoria en la Unión Europea (UE), como quedó demostrado ayer en París y Berlín.
El acuerdo firmado este miércoles en El Cairo se produce cuando las dos potencias europeas tienen posturas bien diferenciadas ante el plan palestino de pedir el reconocimiento de un Estado propio en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre.
El presidente francés Nicolás Sarkozy se convirtió en el primer líder europeo en mostrar su disposición a reconocer ese Estado y “asumir su responsabilidad” si las negociaciones de paz siguen estancadas en septiembre, según dijo a la revista L’Express.
El mandatario mantuvo esa postura al recibir en París la delicada visita del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. El statu quo es insostenible, fue el mensaje transmitido por Sarkozy, según fuentes del Elíseo.
En el extremo opuesto, Alemania rechaza cualquier paso que no cuente con el consentimiento israelí. Así lo garantizó la canciller Angela Merkel a Netanyahu en abril y así lo formuló ayer una vez más, con toda claridad, al reunirse en Berlín con el presidente palestino Mahmud Abbas.
“Consideramos que los pasos unilaterales no ayudan”, dijo Merkel tras el extenso encuentro de una hora y media. Merkel transmitió a Abbas tres condiciones que su gobierno considera “imprescindibles”: el reconocimiento de la seguridad y la existencia de Israel, la renuncia a la violencia y la disposición a seguir en un proceso de paz.
La reconciliación entre Al Fatah, el movimiento de Abbas, y la organización islamista Hamas, que alguna vez llamó a la destrucción de Israel y sigue poniendo en duda su derecho a existir, fue recibida por ello en Berlín con escepticismo y preocupación.
También Netanyahu advirtió el miércoles: Abbas debe elegir entre la paz con Israel o la paz con Hamas; ambas son imposibles. Hasta ahora hay ya más de 110 países que reconocen diplomáticamente a Palestina.
Entre ellos figuran miembros de la UE, como Polonia, Rumania, Bulgaria, República Checa o Hungría. También gigantes como Brasil, China, India, Rusia o Sudáfrica. Ante las diferencias que puedan surgir sobre ese tema con Sarkozy, Merkel hizo un ejercicio de corrección política para evitar abrir más la herida.
Ambos países buscan una solución negociada y la paz en Cercano Oriente, señaló. “El tiempo apremia. En esta dirección trabaja también Francia”.
Pero las reuniones de ayer en París y Berlín demuestran que las coincidencias terminan ahí. El propio Abbas tendrá una oportunidad privilegiada para comprobarlo hoy viernes, cuando se traslade de Alemania a Francia para reunirse con Sarkozy.