Las autoridades chinas han aprovechado la celebración del primer aniversario del terremoto de Sichuan, que se produjo el 12 de mayo de 2008, para presentar un plan de acción contra los desastres naturales. Un informe que pone en evidencia que China es el país del globo que sufre más catástrofes naturales.
Este documento, que lleva por título Libro blanco sobre la protección contra los desastres naturales, revela que más del 70% de las ciudades chinas y del 50% de la población del país (unos 650 millones de habitantes) vive en áreas vulnerables a sufrir graves terremotos o desastres meteorológicos, geológicos o marinos. Los datos han impulsado al Gobierno a esforzarse en la aplicación de medidas para elevar la seguridad de sus ciudadanos. Por ello, el informe insiste en la necesidad de redoblar esfuerzos. “Los mecanismos para coordinar e integrar los esfuerzos de asistencia no son suficientes”, señala el documento, que habla de “problemas existentes” y “puntos débiles”. Una alusión a la indignación que causó el desplome de varias escuelas en la provincia de Sichuan, que no aguantaron el sismo por falta de control durante su construcción. Esa catástrofe provocó la muerte y desaparición de 5 mil 335 niños, según cifras oficiales, que las organizaciones no gubernamentales y padres consideran bajas.
El libro blanco precisa que el Gobierno ordenará que en tres años todas las escuelas sean resistentes a terremotos y estén protegidas contra otros tipos de catástrofes como los corrimientos de tierra. Pero el informe presentado el lunes no solo propone medidas para afrontar seísmos como el de Sichuan, que provocó 87 mil muertos. Pretende paliar los efectos de todo tipo de catástrofes que cada año afectan a una media de 300 millones de chinos.
Las autoridades se han fijado el objetivo de rebajar el impacto que tienen los desastres naturales en el gigante asiático, que suponen pérdidas económicas directas de 200 mil millones de yuanes (29 mil 324 millones de dólare) anuales, según dicho informe; desplazamientos de más de nueve millones de personas y la destrucción de unos tres millones de viviendas anuales.
Ello explica que este libro blanco señale la necesidad de reforzar las estructuras de las nuevas edificaciones del país. Pero no es la única medida. También destaca la elaboración de una base de datos sobre riesgos de catástrofes, un sistema de control de los fenómenos naturales por satélite y programas de concienciación de la población.