De Nosferatu (1922), de F. W. Murnau al Drácula de Bram Stoker (1992), de Francis Ford Coppola, hasta pasar por las series de televisión True Blood, de Alan Ball y Michael Lehmann y Diarios de vampiros, de Julie Plec y Kevin Williamson hasta la saga de Crepúsculo, de Stephenie Meyer, los vampiros han tenido subidas y bajadas cuando la industria del entretenimiento mundial ha decidido darles cabida.
En los últimos 90 años se han estrenado más de 300 productos, entre películas y series para la pantalla chica, que guardan relación directa con los vampiros.
Si se incluyen aquellos títulos donde estos personajes de la noche no son los principales sino que tienen una participación secundaria, la cifra de seguro sería mucho más alta.
Ya los vampiros se han vuelto un lugar tan común, en especial en Hollywood, que ya no sorprenden, al contrario, dan lástima.
Gracias a la Meca del Cine hay vampiros de todas clases: lujuriosos, conservadores, buena gente, buscavidas, ladrones, honestos, etc.
O sea, ya son las víctimas, porque hace rato dejaron de ser los malvados, debido a que los ponen en las más tontas de las situaciones.
El nuevo capítulo de ese afán estúpido de poner vampiros hasta en la sopa, llega a Panamá con la película La Hermandad (Daybreakers), dirigida por Michael y Peter Spierig, con la actuación de Ethan Hawke y Willem Dafoe.
Su trama, como era de suponer, tiene casi cero originalidad, salvo que ahora los vampiros, además de sus comportamientos habituales, son zombies.
Como ya se ha hecho antes, su argumento ocurre en el futuro inmediato, específicamente en el 2019, y como también ya es costumbre, los seres humanos son víctimas de una plaga que los convierte en parientes lejanos de Drácula; la poca gente sobreviviente y sana debe salir huyendo porque corre el riesgo de perder su sangre y, de paso, la vida.
Hawke y Dafoe hacen hasta lo imposible con un guión que no podría aspirar a un Oscar, salvo que compraran a todos los jurados de este premio. La puesta en escena también es salvable, así como los efectos especiales, pero una película no solo puede ser decorados y golpes sorpresivos gracias a las virtudes de la tecnología.
Por eso, Owen Gleiberman, crítico de las revistas Entertainment Weekly, compara a La Hermandad (2009) lejanamente con el solvente drama de ciencia ficción Children of Men (2006), de Alfonso Cuarón, con la diferencia que Daybreaker tiene “enormes explosiones de plasma, es decir, sangre vieja en una botella nueva".
Peter Hartlaub, experto en cine del periódico San Francisco Chronicle, es aún más certero cuando señala que “el cuerpo humano contiene aproximadamente unos cinco litros de sangre. A menos que seas un personaje de La Hermandad (Daybreakers). En ese caso, tu cuerpo contiene unos 50 litros de sangre de los cuales 49 acabarán salpicando la pared del cine”.

