La matanza en Fort Hood fue leve en términos de víctimas, porque si Nidal Malik Hasan hubiese tenido acceso a otras facilidades militares habría detonado una bomba atómica.
Barack Obama, de igual manera que durante las revueltas callejeras en Irán como resultado de la reelección de Ajmadineyad, dijo: “no hay que saltar a conclusiones”. Le resulta incómodo admitir los motivos de Hasan, que siendo miembro del ejército norteamericano se autocalifica de “palestino”, profesa la religión “musulmana”, repartió tomos del Corán, y gritó “Allahu Akbar” al apretar el gatillo.
Cuando se trata de opinar y tomar decisiones en la que están involucrados musulmanes, BO tiene un comportamiento excesivamente mesurado. Más bien indulgente, y hasta bonachón. Al tomar el poder, ordenó cerrar Guantánamo y exportar a los terroristas, disminuyéndoles su rango a “delincuentes”.
Para enviar las tropas que se requieren en Afganistán dijo, ya carente de pretextos, que primero quería ver quién es elegido presidente en ese país, cómo si haría alguna diferencia en la guerra contra Osama Bin Laden, Al Qaeda y los talibanes.
Sus excusas son absurdas.
Cada vez que un musulmán es cuestionado, trata de no apresurarse en hacer declaraciones, opta por concederle el derecho a la duda, y por último no actúa. Pero cuando se trata de cualquier otro, emite juicios instantáneos y decreta acciones inmediatas. Tal fue el caso con Manuel Zelaya.
No demoró en dar su veredicto contra Micheletti, sin siquiera esperar a conocer los detalles que obligaron a su deposición, ni revisar las leyes que rigen la Constitución hondureña. Más tarde, conociendo las razones que llevaron a su destitución, no cambió su postura y aisló al régimen democrático, para apoyar al nuevo engendro de Hugo Chávez.
Obama aboga por la democracia, pero hace la vista gorda si el tirano es de su línea política o inspiración religiosa. Su ausencia de la celebración en Alemania por la caída del Muro de Berlín hace 20 años, da para reflexionar.
Los líderes europeos se reunieron para conmemorar el fin de la guerra fría, pero para BO esa fiesta por la libertad, en la que EU jugó el rol principal, no era tan significativa, como por decir: las Olimpiadas.
Hasta el momento su política internacional le ha dado buenos resultados con los árabes. No ha habido ningún atentado de magnitud en Occidente desde que asumió el poder.
Arabia Saudí, sede religiosa, intelectual, y financiera del yijadismo, está en buenos términos con Obama, que ha demostrado reverente simpatía por el rey Abdulá y su plan de paz para el Medio Oriente. Por eso no hemos visto correr ríos de sangre este año.
El que los islamistas hayan encontrado un aliado en el presidente estadounidense ciertamente hace las cosas más difíciles. Sus declaraciones y acciones cuando se trata del Islam y los socialistas, son elocuentes.
La participación de musulmanes en los ejércitos de EU, la OTAN e Israel, debería entrar en revisión, de igual forma que el adiestramiento a sus fuerzas de seguridad.
La semana pasada un policía afgano dio muerte a sus entrenadores. Cinco soldados británicos. No olvidemos, la guerra es religiosa. Mientras los gobiernos democráticos se resistan a aceptar esa verdad políticamente incorrecta, la vulnerabilidad del mundo libre seguirá en aumento.