El 20% de la energía que consuman los europeos en el año 2020 tendría que provenir de fuentes limpias. Los altos índices de dióxido de carbono en las ciudades y la crisis nuclear de Fukushima han hecho saltar todas las alarmas. Hoy más que nunca pensamos en vivir en verde.
Hasta el pasado mes de marzo, cuando el día 11 tembló Japón y sus pueblos costeros quedaron devastados por una gran ola, y la central nuclear comenzó a fallar, la energía nuclear vivía una época dorada, una más.
Los “pronucleares” habían ganado la batalla a los ecologistas, que pensaban en desastres como el de Chernóbil. Sin embargo, la crisis de Fukushima, elevadaya al último escalón, ha hecho que los ciudadanos y sus gobiernos se replanteen la vida de las centrales y la necesidad, ya, de apostar por las energías renovables.
Tras la decisión el gobierno de Ángela Merkel de cerrar siete centrales, la energía nuclear se encuentra en un standby que puede llegar a ser definitivo. La ciudadanía y los Estados, después de las bombas atómicas y el incidente de Chernóbil en los 80, asumieron que un accidente nuclear no solo repercute en el país en el que se produce. Un incidente nuclear como el ocurrido en Fukushima va a tener consecuencias en todo el planeta. Y la Tierra no “puede asumir la maduración de una tecnología, como la nuclear, a base de desastres”, según explican desde la Fundación Renovables. El ensayo con las nucleares parece que tiene que llegar a su fin.
Frente al peligro de la energía nuclear, a los efectos devastadores del dióxido de carbono y al posible peak oil del petróleo, una apuesta verdadera por la energía solar y la eólica, energías limpias en definitiva, sería la única manera de que nuestro planeta sobreviva y las próximas generaciones tengan un mundo en el que vivir.
Pero esta apuesta por sí sola no es suficiente. Los ciudadanos y gobiernos de todo el mundo tienen que hacer un esfuerzo más: contener el consumo energético. Coches, aviones, luces, ordenadores, aires acondicionados, televisores, microondas… cada vez se crean más “necesidades”. Y se consume más y más de energía. Tan solo la calefacción y la refrigeración de nuestros hogares y de nuestras oficinas representan casi el 50% de la demanda mundial de energía. Esta es la pregunta del millón, ¿estamos preparados para reducir nuestro consumo? ¿El sistema capitalista, donde ganar y tener beneficios un año más que el siguiente, está preparado para reducir su gasto energético?