El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, podría tener complicado su puesto de trabajo, mientras la tasa de desempleo del país se acerca a niveles de depresión y las empresas exigen una reforma laboral que los sindicatos amenazan combatir con una huelga. Si el desempleo escala hasta más del 20%, como prevé la Comisión Europea para el año que viene, los analistas creen que la oposición podría reunir los votos necesarios para bloquear los presupuestos de 2010 y forzar una convocatoria anticipada de elecciones generales.
El gobierno socialista no tiene mayoría en el Congreso y los últimos sondeos revelan que la oposición, el Partido Popular (PP), ha recortado toda la distancia que la separaba de Zapatero por primera vez desde que el presidente del Gobierno asumió su cargo en 2004. “El verdadero test del Gobierno se produce en este momento, el test de la continuidad es en este momento”, dijo Mariano Gómez, economista de la Fundación Ortega y Gassett. “Se juega su futuro en estos seis, siete meses del resto del año”, apuntó. Zapatero, que hasta el año pasado descartaba que en España hubiese crisis o recesión, tratará de restablecer la confianza en el debate sobre el estado de la Nación de los próximos 12 y 13 de mayo, presentando una nueva serie de medidas de estímulo económico. Sin embargo, las elecciones al Parlamento Europeo del mes que viene mostrarán la magnitud del daño político sufrido por el presidente español, bajo críticas de falta de anticipación al derrumbe del sector vivienda que venía palpitándose desde bastante atrás.
El desempleo ha subido más rápido en España que en cualquier otro país desarrollado, prácticamente duplicando su tasa en un año hasta llegar al 17.4%, destapando profundas fallas estructurales en una economía basada en la construcción. Esta situación ha expuesto a Zapatero a las exigencias del sector privado, que él ha calificado de “chantajes”, para reinventar el mercado laboral. Con la tasa de temporalidad en la contratación más alta de la UE y altos costos de despido, el país que antes era motor de creación de empleo del bloque ha puesto la marcha atrás y ha destruido 1.8 millón de puestos de trabajo en un año, casi la mitad de toda la destrucción de empleo en la UE. Las empresas quieren recortes fiscales y medidas que abaraten tanto la contratación como el despido, pero Zapatero ha descartado una reforma laboral, tras las amenazas de huelga general de los sindicatos mayoritarios. Su compromiso ha servido para contener la tensión social, pero podría dar al Partido Popular la excusa que necesita para bloquear los presupuestos del año que viene, algo que podría desembocar en elecciones anticipadas.